La ciudad vista por expertos

La realidad… real

Disculpe usted el título, pero la algarabía en la era de la información nos exige recordar que la realidad es implacable, por más que queramos cubrirla con teorías, ésta se revela tal cual es y en ocasiones hace que lo que queremos se tope con la pared del mundo real. Para algunos “si la realidad no coincide con sus teorías, peor para la realidad”.

Gracias a la modernidad podemos predecir con mucha certeza el movimiento de los objetos, sin embargo con menor certeza podemos conocer el comportamiento de los sujetos frente a los objetos. Lo más difícil es conocer el comportamiento de los sujetos. Para quienes estudiamos -y pretendemos incidir en la ciudad- el reto se plantea cotidiano: cómo entender los objetos (calle, edificio, infraestructura, aire, bosque, etc.) y el interactuar cotidiano de las personas (flujos, intereses, egoísmos, poder, desinterés, ambición, ignorancia, etc.)

Frecuentemente intentamos con la planificación “diseñar” esa interacción objeto-sujeto y muchas veces lo traducimos en planos o documentos de cómo nos imaginamos que es esa realidad, con base en los intereses comunes, pero terminamos reconociendo que el mundo real va por otro lado. La economía urbana, la relación campo-ciudad, los cambios de usos de suelo, etc. no respetan los colores y restricciones de los planos y las normas urbanísticas.

Cambiar la realidad entonces es más complicado que ese nivel de intervención de la planeación, hoy realmente inexistente, imposible de hacerla real en un país con un alto grado de corrupción, inestabilidad y sin rumbo. En ocasiones recurrimos a tratar de entender las tendencias y anticipar, como buenos planificadores, la lectura de esas posibilidades y tratar de darles alguna dirección planificada. Sin embargo, sigue estando la posibilidad de lo fortuito, lo no planificado, la gran intervención urbana, por ejemplo, que viene a modificar la tendencia y que requiere de la flexibilidad y adaptación de los modelos y de sus diseñadores.

La creatividad y la creación -en el urbanismo- se construyen sobre la base de entender ciertas reglas de diseño y normas básicas del derecho, pero también de aceptar que los valores de la sociedad y su cultura -concepto tan complejo- estarán presentes para corregir, ratificar o “tirar a la basura” los diseños. La participación ciudadana es fundamental para la construcción del proceso y su consenso.

Por eso, en muchas ocasiones a la realidad hay que gestionarla, lo que involucra el compromiso con diseñarla eficientemente y, al mismo tiempo, negociarla satisfactoriamente con los actores involucrados en el proceso. El resultado, dice la teoría, son soluciones de tipo “satisfacientes”: satisfactoria para los intereses de los actores y eficientes, desde el punto de vista de la racionalidad. Pero más allá del diseño eficiente -y la construcción del consenso- se requiere de una aplicación cabal de la norma, ya que ésta da la certeza jurídica, además de que regula y vigila la interacción de los actores, en su aplicación en pro del bien común y más aún, para que no se convierta en letra muerta.

Conocer la ciudad

Dice Martim Smolka todo mundo cree que su ciudad es única y especial pero la realidad nos lleva a cosas muy concretas, ¿En qué medios se mueven las personas? ¿Qué tan eficiente son sus redes? ¿Cómo se cobran los impuestos? ¿Cuánta corrupción existe? ¿Cómo están descritas sus normas? ¿Cuál es la principal actividad económica? ¿Cuánto valor se produce?

Esas cosas ocurren en todas las ciudades. Sí en todas, y algunas lo resuelven de mejor manera y al final encontramos la pregunta ¿cómo se vive? Si usted trata de conocer la ciudad a partir de esta última pregunta llegaremos siempre a la afirmación de Smolka todos creen tener algo de especial.

Se trata de un error recurrente dentro del urbanismo deliberativo, no podemos preguntar a la gente sin antes explicar cómo funcionan los elementos de la ciudad. Pero de ninguna manera usted crea que se desvaloriza su opinión, no, por el contrario, de lo que se trata es de buscar respuestas concretas a preguntas específicas, y con ello completar ciertos elementos fundamentales del rompecabezas de la planificación.

Veamos un ejemplo para hacer las cosas más sencillas, a los ricos de esta ciudad les encantan las calles empedradas, pero a los menos favorecidos saben de la eficiencia de la función pública y exigen algo que requiera un nulo mantenimiento, así que las calles para que sean buenas deben ser para ellos de concreto hidráulico. Nuestro buen planificador llegará y preguntará ¿cómo considera la calidad de su calle? Vaya usted a saber qué hacemos con la respuesta.

La geografía y la mecánica de suelos

Por más que los ingenieros civiles nos digan que todo se puede hacer, la realidad se ha impuesto una vez más. Los escurrimientos embaldosados nunca dejaron de serlo, por más que le llamemos calle. Los ciclos ambientales son largos así que más valdría respetar los cauces.

Los rellenos son frágiles y en las pendientes siempre gana la gravedad. Jugar contra ello es volverse a equivocar, la realidad sigue siendo implacable.

La gobernanza de la realidad

Gobierno y sociedad hacen un esfuerzo cotidiano por conducir y conducirse por la realidad procurando el logro de los fines comunes. En ocasiones eso significa: mucho gobierno y poca sociedad; y en mejores momentos significa la responsabilidad de la sociedad y sus ciudadanos de “tomar el toro por los cuernos” y ser corresponsables de su propio destino.

En México, hemos insistido en este espacio, hemos venido construyendo una realidad en la que la gran mayoría vive distante de sus responsabilidades comunes y prefiere disfrutar de los beneficios de “no meterse, en lo que no me importa”.

Por muchos años la gran mayoría de los mexicanos hemos preferido la distancia con los temas públicos y optamos por la comodidad de la vida “en familia”. No meterse en los asuntos de la cosa pública nos ha llevado a la conclusión de que la política es cosa de políticos y las políticas públicas son únicamente responsabilidad del gobierno.

La corresponsabilidad supone un nuevo compromiso con el interés general. Significa, para nosotros, la seguridad de que en la cotidianidad y en la construcción de un destino común, cada ciudadano necesita ser sujeto de su historia y eso significa tener derechos y obligaciones sobre la construcción de la realidad.

Estamos convencidos -y así lo hemos escrito- de que en cada problema público hay una parte de diseño de la realidad para idear soluciones ingeniosas, legales y socialmente aceptadas pero, sobre todo, hay un compromiso de cada uno de los habitantes con modificar la comodidad de nuestros hábitos cotidianos y comprometerse con un mundo mejor.

La gobernanza es un territorio abierto para una nueva forma de relación de los ciudadanos con su realidad, a partir de la corresponsabilidad y el compromiso compartido para la construcción de consensos y políticas dirigidas hacía el bien de todos: ¡Sí, dijimos TODOS!

No podemos seguir pretendiendo que únicamente se equivocan los políticos cuando descubrimos una realidad que no nos gusta. Nos equivocamos todos, unos por hacer y otros por su poca determinación para “mover un dedo” y disfrutar del beneficio de la no acción, que al cabo para eso les pagamos a los políticos y a los servidores públicos.

Camino a la realidad

La voracidad humana siempre nos lleva al error. El urbanismo sólo pide ideas claras, lógica, razón, eso… sentido común. Sólo los asentamientos militares se hicieron a la fuerza, pues su sentido de razón va más allá del asentamiento, pero si la vida no encuentra sustento éstos son excesivamente frágiles.

Si no hay vivienda para pobres ellos lo resolverán como puedan. Si todos apuestan por verticalizar la vivienda media, pronto el mercado se agotará, la expansión urbana ya encontró sus límites, y así como los ríos encuentran su cauce, la política quiere volver a su cauce.

Frente al sentido común, lo importante es conocer la realidad y difundirla. Zapopan e Ixtlahuacán de los Membrillos tienen el agua más pura en su subsuelo, ¿quién la explota? Tonalá sigue siendo el tianguis como hace siglos, desde entonces no ha requerido ningún impulso. La Primavera es un bosque frágil tanto como que los jóvenes requieren áreas de esparcimiento o como los trabajadores no quieren perder el tiempo en traslados.

Por más que los intereses económicos o políticos se quieran imponer, por más que los técnicos quieran construir otra ciudad. Sólo podemos trabajar con la realidad y esa nos concierne a todos..

Cívitas: Taller de Gobernanza

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