La ciudad vista por expertos

Se buscan ciudadanos que construyan…

Más allá del sentido o dirección que le queramos dar a la planificación, afrontar la realidad “como se puede” es diferente a afrontarla bien equipados o, si usted prefiere, con más recursos. Por eso y parafraseando a Donzelot, nos preguntamos si estamos en el proceso de formar ciudadanos corresponsables del destino común de la ciudad o, seguimos el modelo en el que “cada quien se rasque con sus propias uñas”.

Hacer viable el Derecho a la Ciudad requiere seguir problematizando sobre algunos de los retos que nos permitan la correcta traducción de tan buenas intenciones.

Los conflictos urbanos suelen ser de una gran complejidad que impide dirimir fácilmente su solución. La democratización de los procesos urbanos se observa como una salida en la que la autoridad y los involucrados podemos sacar ventaja de los resultados. Sin embargo, esta requiere de algunos supuestos básicos, por ejemplo: el mantener un trato entre iguales (Peer to Peer Urbanism), esto nos permite, como sociedad, desarrollar la capacidad de negociación,  mostrar lo que deseamos, desarrollar las habilidades para persuadir a otros,  acordar bienes superiores para todos y, finalmente, poder construir  acuerdos.

LA CIUDAD AMBIGUA

Existen múltiples modelos de ciudad. En esta ocasión queremos destacar dos polos opuestos: una, la ciudad participativa u otra, la ciudad autoritaria. Probablemente ambas tengan cualidades consolidadas como urbe, esto es, una ciudadanía conforme con su modelo de ciudad, una correcta función urbana y una creciente calidad de vida. Sin embargo, la primera requerirá de una ciudadanía más capaz e instruida y la segunda genera procesos de exclusión para quienes no estén de acuerdo con el modelo.

Nuestra gran Guadalajara sigue siendo un modelo atrayente de nuevos pobladores, porque los beneficios de vivir en ella siguen siendo mayores que cualquiera de los costos que la aglomeración nos condiciona; no obstante, nuestro modelo urbano tiene como definición su gran indefinición. Lo mismo se construyen fraccionamientos cerrados o barrios informales periféricos; lo mismo compramos en el Mall como en el tianguis. Igual conviven la dispersión con la densidad, los vacíos urbanos con zonas consolidadas o el desempleo, el empleo informal y la empresa global innovadora. Digamos que no somos participativos y la autoridad está lejos de impulsar un proyecto definido de ciudad. Vivimos desde estas dos perspectivas en una ciudad atractivamente ambigua.

El problema de dicha ambigüedad es que no nos preparamos para hacer frente a un mejor futuro, desarrollamos una fragilidad frente a las adversidades llámese naturales, ambientales, sociales e incluso económicas.

ARQUITECTURA INSTITUCIONAL

Una parte de la solución son nuestras instituciones. Podemos requerir nuevos líderes, podemos buscar instituciones más fuertes, nuevos y frescos recursos, una sociedad con mayores grados de educación, pero ni aún todo ello nos lleva a resolver la esencia: el proceso urbano. Requerimos garantizar los pesos y contrapesos sobre un modelo de negociación ciudadana.

El proceso urbano tiene que ser estimulado para impedir que todos nos equivoquemos o que, en la búsqueda de una solución, muchos queden al margen. Por ello es sustancial que el modelo observe sus contrapesos y que nos conduzca a ser una sociedad más fuerte (con resiliencia, si se requiere mayor precisión en el concepto).

Estos contrapesos están marcados por organismos técnicos con habilidades científicas probadas y seria disciplina con un continuo seguimiento de indicadores urbanos. Asimismo por organismos ciudadanos cuyos miembros tengan habilidades certificadas y que respondan a una ética ciudadana así como por órganos de gobierno con responsabilidades y sanciones claras (tal como en este momento se discute con relación al Órgano de Gobierno de PEMEX).

No se trata de hacer difícil, costosa e infructuosa la función pública. Por el contrario, se trata de lograr una mejor asertividad sobre el desarrollo urbano, se trata de tener una ciudadanía más responsable y, al mismo tiempo, se trata de tener procesos de acción pública enriquecidos con eficacia, eficiencia y calidad.

CIUDADANOS DE DOBLES AGENDAS

Pero, desde la otra vertiente, parte de la solución recae en los ciudadanos. Sin embargo,  ciudadanizar todo también suena a ingenuidad. Recientemente, a falta de honor, preparación o simples buenas costumbres, se ha dado por utilizar el mote de “Ciudadano” como signo de… vaya usted a saber qué. Seguramente debe ser bien visto, porque hasta los políticos de bajos escrúpulos lo utilizan.

Lo cierto es que todos somos ciudadanos. Empero, así como los políticos reclaman su naturaleza ciudadana, también los hay gremiales, activistas, empresarios y un largo etcétera. Todos en búsqueda de sus intereses. Esa es una realidad con la que debemos tomar las decisiones.

Lo que no suena ético es que, bajo el argumento supremo del bien común, se haga lo que a tal o cuál ciudadano le interese. De alguna manera esta actitud pisa el mismo terreno del autoritarismo, pero ahora desde la perspectiva ciudadana.

Asociaciones de vecinos que cobran por una firma, colegios que se embarcan en el activismo para buscar trabajo, activistas que buscan imponer dogmas sobre la ciudad.

Gobernanza metropolitana, la importancia de las instituciones.

En materia de institucionalización de los procesos urbanos no está pasando nada. Por la vía de los hechos se está dando la coordinación de servicios públicos claves. Así pasó con el agua, la seguridad pública y la movilidad.

La forma está concertándose en el Legislativo, pero tiene un selló “estatalista” con tintes autoritarios. Hay una centralización del poder gubernamental que excluye a los ciudadanos y no camina en la dirección de la concurrencia entre autoridades, ni la corresponsabilidad ciudadana.

Las últimas experiencias de los órganos consultivos dejan un mal sabor de boca. Los representantes mayoritarios son los del gobierno, incluso en organismos públicos operadores estos constituyen importantes porcentajes de participación para la toma de decisiones. El esquema se repite  en una diversidad de materias.

CIUDADANOS SOMOS Y EN EL CAMINO ANDAMOS

Consagrar el derecho a la ciudad en nuestros instrumentos legales es aún una aspiración, se trata de una asignatura pendiente.

Establecer un código de ética ciudadano es otra asignatura pendiente, cuál es la correcta participación ciudadana, es un asunto que algunos países particularmente de América del Sur ya han resuelto con buenos resultados.

Dirimir el conflicto urbano es el tema del que muchos ciudadanos ya han tomado conciencia y cada uno lo hace desde su trinchera, algunos con mayor eficacia que otros: desde los medios de comunicación, en las Organizaciones Civiles o hasta en las aulas. Informar sobre el conflicto y plantear sus alternativas de solución es una gran tarea, sin demérito de ningún movimiento político social pero sí con la diferencia de construir otra sociedad.

EN CON-TEXTO

El P2P Urbanism, también llamado Peer to Peer Urbanism (Urbanismo de igual a igual) tiene sus antecedentes en el libro de Jane Jacobs, The Death and Life of Great American Cities (1961), Jacobs, como periodista y activista, utiliza fundamentos técnicos para demostrar cómo la planificación había perdido su sentido de ser e incluso estaba generando distorsiones al desarrollo propio de las ciudades. Por su parte, en Inglaterra, en la misma época el reconocido profesor Alemán Otto Königsberger, después de haber realizado un viaje por Egipto e India, en el que reconoció otras formas de construcción de la ciudad, publicó en 1964 su Action Planning, documento en el que se fundamenta la participación ciudadana como parte del ejercicio de la planificación urbana.

Desde entonces, la crítica a los planes maestros estaba fincada. Valga decir que a nuestra ciudad esa planificación funcionalista no llegó sino hasta los años 80, la cual gozaba ya de un fuerte revisionismo crítico en Europa, mientras aquí se adoptó con las consecuencias que hoy atestiguamos.

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