La ciudad vista por expertos

Ultrasonido metropolitano, una gestación tunca

Mientras muchas parejas recurren a las técnicas de observación y seguimiento del embarazo -lo cual les permite anticipar cualquier “malformación”- en el caso de la Coordinación Metropolitana se optó por “mandar a la muchacha al convento” para cuidar la honra de la familia, a la vieja usanza. A la nieta de fulano de tal se prefirió ocultársele, antes de que la sociedad se entere.

Esta semana el “alumbramiento parto o cesárea” del Instituto Metropolitano de Planeación (IMP) ha sido objeto de trabajo de muchos articulistas que han seguido el problema de la coordinación metropolitana. Mario Silva, miembro de la Comisión para la Coordinación Metropolitana, “anda en búsqueda del padre” (Mural, 18/02/2014) e invita a un “parto sin dolor”. Miguel Zárate (Milenio 17/02/2014) y Jaime Barrera (Milenio, 18/02/2014) ya hicieron las pruebas del ADN y declararon quién es el padre. Resta saber qué tantos recursos tiene para los primeros pañales, y una noble educación.

Sin embargo creemos que, como en todo nacimiento, el proceso es tan importante como el resultado. Siguiendo con nuestra metáfora: no es lo mismo que la preñada viviera el embarazo alejada de la sociedad y de su pareja “para guardar el secreto”; a que lo viva en la compañía y consejos de quien lo concibió y le quería con bien. Algunas primeras valoraciones.

Coordinación sin gobernanza

Gobierno sin gobernanza es el resultado del proceso mal conducido por los órganos máximos de autoridad. Cuando muchos han reconocido que los “padres” o “padrinos” fueron la sociedad y reconocen la contribución de algunos grupos organizados –de manera destacada la Asamblea por la Gobernanza Metropolitana- el documento de Estatuto se discutió “en lo obscurito, bajo el auspicio de la clandestinidad”. Ahora sabemos que la Junta de Gobierno del Instituto, por ejemplo, es de autoridades y excluyó a la gobernanza.

El Estatuto mezcla, confunde y diluye a las Juntas. Es, siguiendo el Estatuto, lo mismo pero no es igual. Hay una Junta de Gobierno que será el órgano superior del Instituto, pero está constituido por todos los miembros que integran la Junta de Coordinación, y algunos otros funcionarios del propio instituto. (Disculpe usted, pero así están las cosas). Para quien lo hizo, la Junta de Coordinación Metropolitana es igual que la Junta de Gobierno...pero diferente.

Pero a diferencia de otros órganos de gobierno de otros organismos públicos, el del Instituto es localista y gubernamentalista. ¿Dónde está, por ejemplo, la participación del gobierno federal (Sedatu, Semarnat, etc.) para garantizar la concurrencia y la cooperación metropolitana? ¿No es ese el principio básico de la Ley General de los Asentamientos Humanos? No son éstas las nuevas orientaciones del Programa Sectorial de Sedatu. Ni una sola mención. Está ausente una visión de conjunto que sea capaz de comprender la nueva dimensión y significados de la metrópoli en términos de ser ya una entidad que, en cuestión de planeación urbana, supera los límites de la aislada autonomía municipal.

¿Dónde quedó la participación ciudadana en el Órgano de Gobierno? Mientras que el CEDU, por ejemplo, delibera con un “mundo de representantes sociales” u otros órganos de gobierno tienen representantes de la sociedad civil, en el IMP nada. “Los dientes” a los que alude Barrera, y la inteligencia social, diremos nosotros quedaron muy limitados.

Dice Diego Petersen (El Informador 18/02/2014) “No estoy cierto de que todos los alcaldes hayan terminado de entender las consecuencias e implicaciones que tiene la metropolización, mucho menos los alcances y virtudes que tiene el modelo metropolitano sobre el municipal”. Nosotros tampoco. En nuestro entendimiento se trata de un tema de gobernación, que es obligatoria para los tres niveles (de acuerdo al pronunciamiento de la Suprema Corte de Justicia de la Nación). Un nuevo diseño institucional para una realidad que supera los límites administrativos.

Instituto Metropolitano… jugando a la planeación

Nacido el bebé tendrá que jugar. Sin duda, la constitución del IMP de Guadalajara es un hecho, del cual nos felicitamos. Ha sido un anhelo desde los tiempos de pensadores y visionarios de esta ciudad, como los arquitectos Daniel Vázquez Aguilar y Esteban Wario Hernández, que en paz descansen.

Nuestros contemporáneos también lo deseamos, pero buscamos algo más adecuado a nuestros tiempos. Dijimos una y otra vez: sin gobernanza el Instituto no tiene sentido. Nos dijeron una y otra vez: Sí, estamos de acuerdo y… finalmente, se aprueba un estatuto “en lo oscurito, en la opacidad”. Se pierde la energía social que pudo haber discutido y debatido en un proceso de diálogo abierto, amplio e inclusivo de todas las expresiones en aras de una elaboración participativa.

Un estatuto es como las reglas de cualquier juego. De su redacción depende qué tan atractivo, divertido o aburrido pueda ser el juego; a nadie le gusta ser el aguafiestas que en desventaja dice: pues me llevo mi balón o el tramposo que le gusta esconderse las cartas. De eso se trata ¿Cómo damos claridad al juego de construir esta metrópoli, pero además, cómo le hacemos para incorporar a más jugadores al juego?  Y lo más atinado: ¿Cómo hacemos para que el juego atienda las principales problemáticas de esta metrópoli?

El juego que se nos está planteando ya lo conocemos, poco trae de innovador. Se elaborarán bonitos documentos y largas presentaciones, se harán muchos informes y finalmente se avalarán obras aquí y allá. Las materias de coordinación metropolitana, los servicios públicos claves, la infraestructura metropolitana, jugarán sus propios juegos, dando libertades plenas a los poderes económicos.

El juego que deseamos es otro, más lúdico, más alegre; otro en el que la solución de nuestros problemas diarios sean representados: agua, transporte y vías de calidad, cuidado al ambiente, cuidado a nuestros recursos, vivienda en entornos de calidad, una ciudad equitativa, justa e igualitaria, mejor calidad de vida ¡Sólo eso!

Instrumentos viejos para una realidad que ya cambió

Cuando ya hay una Secretaría Federal que busca integrar lo Urbano con lo Agrario y una Secretaría Local que pretende hacer lo mismo con lo Urbano y lo Ambiental, la pregunta es ¿Por qué los instrumentos y mecanismos de coordinación siguen siendo los viejos instrumentos del Código? ¿Estará contemplado hacer un ordenamiento territorial integral? Por lo pronto, el Estatuto no alude en lo absoluto a las Leyes en Materia Ambiental, tampoco a las de Desarrollo Forestal Sustentable, menos a la de Cambio Climático.

Pero nuevamente, parece tarde atender a las “malformaciones”, la “parturienta ya se alivió” y ahora a vivir con la criatura: Al mal paso darle Atole digital…

La forma es fondo

Mientras el país discute la integración de nuevos órganos autónomos siguiendo algún tipo de mecanismo de consulta pública y concurso abierto, en el caso del Instituto se opta por un proceso “corporativista, perfectamente controlado y en línea con los interés superiores de los grupos y poderes fácticos”. Bienvenido el Servicio Civil de Carrera del Instituto, ¿Por qué no incluir al Director General? ¿Es suficiente mérito ser descendiente de un prominente político local de antaño, para un proceso de institucionalización que requerirá más administración pública que diseño e investigación urbanos? Sin duda que no.

La ciudad requiere mucho más que al nieto de un ilustre ex-gobernador (que de llegar a La Rotonda, tendría que llevar de la mano al vástago de su prole), sin duda que no. Méritos, experiencias, formación más allá de la arquitectura son criterios discutidos en la Asamblea, “transparencia, apego a un perfil técnico y con apertura a la nutrida participación social que impulsó esta agenda” son otros de los criterios enunciados por uno de los ex consejeros. Todos ellos harán que sean firmes y sólidos los primeros pasos del naciente hijo tunco de la coordinación metropolitana.

Cívitas: Taller de Gobernanza

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 En Con-Texto

Resulta indispensable, como parte del proceso de conformación y consolidación de la Arquitectura Institucional para la Coordinación Metropolitana, que de manera inmediata se formalice la constitución del Consejo Ciudadano Metropolitano. Esto con la finalidad de dotar de completo soporte y bases para el funcionamiento óptimo de las tres instancias que indica la ley en la materia: La Junta de Coordinación, el propio Consejo Ciudadano y el incipiente Instituto Metropolitano de Planeación. De ese modo, se establecerían los elementos para sustentar la capacidad ejecutiva y operativa de la coordinación metropolitana, para construir las propuestas conducentes hacia el mejor desarrollo de la metrópoli, a la hora en que se tomen las decisiones pertinentes y adecuadas para que finalmente podamos ser una CIUDAD MADRE: amorosa, ejemplar, innovadora y de vanguardia.

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