La ciudad vista por expertos

Reformar o revolucionar lo urbano

En la naciente Guadalajara del siglo XVI, las calles se nombraban en relación a los templos, a sus prohombres o a cualquier singular evento… Llegado el liberalismo de finales del siglo XIX, las calles adquieren un significado ideológico, se llamaron Reforma o Libertad. Curiosamente, Libertad sigue siendo bella, pequeña y exclusiva mientras que Reforma es una calle modesta. Ya en el periodo de los revolucionarios, las calles principales tomaron nombres como Calzada Independencia o Lázaro Cárdenas. Lo mismo ocurrió con la alternancia y la Calz. Juan Pablo II y la Av. Gómez Morín dan cuenta de ello. Bueno, no es nuevo que en la nomenclatura se cuele la semiótica.

Pero entre tanto simbolismo, sucede que en nuestra ciudad existen dos calles con el nombre Justicia, la “bonita”, la del poniente, rompe su trayecto por una cerrada. La del oriente en la Colonia La Esperanza (sic), termina en el panteón ¡Vaya broma!; En tanto, las calles Ley y Legalidad, son tan grandes e insignificantes, como su trayecto de un kilómetro; y como una profecía en tiempos de pactos, aun siendo perpendiculares, la calle Reforma nunca cruza con Independencia.

Constituir la ciudad

Pero es que a los urbanistas les encanta hablar mucho de “construir ciudad”. El problema es que la parte física sí se construye, pero la parte humana se forma y la parte ambiental se cultiva. Y entonces, para todo eso, el verbo “construir” queda muy pequeño.

Proponemos mejor el verbo “Constituir” porque, además de establecer, implica dar orden y permanecer. Es además un verbo incluyente donde somos nosotros los sujetos de la acción. Así, sigue siendo necesario pensar en suelo, ladrillos y cemento, pero también debemos pensar nuestra interacción con el ambiente, con el equipamiento y entre los sujetos que vivimos ese espacio.

Por qué una Reforma urbana

Entre el tráfico de los símbolos y las prisas por lograr la perennidad de los sistemas urbanos, nos encontramos que en la clase gobernante y su Pacto por México no existe lo urbano ni nada que se pueda llamar “Reforma Urbana”.

Es que la Metrópoli requiere de una definición de su importancia. Dicho de otra manera, los ciudadanos requerimos de definiciones más precisas de ciudad. Donde se estipule claramente lo que no se puede hacer y la responsabilidad pública de quien infrinja la Ley.

Actualmente existen muchas definiciones, pero no están siendo útiles.  Los problemas de dispersión urbana, de riesgo urbano, de inseguridad pública, el creciente congestionamiento, la falta de alternativas de transporte público, el incipiente equipamiento, en fin, todo eso está a la vista y no hay poder que por sí sólo lo resuelva.

El congestionamiento de visiones

El congestionamiento por la Reforma Urbana tienen muchas visiones que no necesariamente van en el mismo sentido. Una de ellas es la visión mesiánica, pues la ciudad –y sus elementos– tiene que ser redimida. Claro, el problema de estos planteamientos es que nos asumimos todos como pecadores, y en ello existe la posibilidad de que todos seamos dignos de nuestro eterno castigo.

Otros observan a la ciudad como una patología, e incluso sus diagnósticos ya contienen biopsias que nos hablan del cáncer urbano. Lo bueno es que sólo son imágenes retóricas, pues, si no, habría que cercenar a la ciudad.

La visión estratégica ve a la ciudad en partes y en consecuencia la atiende igual: fragmentada. Se atiende sólo aquello que ella considera importante.

La más influyente es la pragmática economista. La ciudad es un recurso, que a su vez es un conjunto de recursos. Como tal, si no se atiende, pagaremos las consecuencias en la competitividad y entonces no creceremos o, peor aún, llegará la crisis económica.

Por dónde… los derechos fundamentales

Antes de decir por dónde, parece pertinente que como sociedad definamos a dónde queremos llegar, existe una propuesta de Hábitat que nos parece que tiene sentido, ésta surge de una encuesta a una centena de alcaldes de diversas latitudes.

La primera es la calidad de vida, todos queremos vivir mejor. El problema es que no existe un acuerdo sobre lo que esto significa, para algunos es poder comprar más bienes, para otros es tener más tiempo, y para otros es gozar de mejor salud. Probablemente es un conjunto mesurado de todo eso y algunas cosas más, pero ciertamente la calidad de vida es una ruta.

Otra es la sustentabilidad, nuestros modelos urbanos no pueden seguir indiscriminadamente consumiendo recursos. Tenemos que pensar en preservar e incluso en restaurar nuestro entorno. Esto asume nuevos costos y nuevas actitudes hacia lo que hacemos en las ciudades.

Una gran avenida es la igualdad social, actualmente nuestras ciudades tienen amplias escalas socio-económicas. Las distancias de acceso a bienes y servicios y a sus diversas calidades nos hacen ciudadanos de diferentes categorías. Una igualdad en el acceso a los bienes y servicios fundamentales parece una vía indispensable.

El otro camino, al que los ambientalistas regularmente le ponen marchas y plantones, es el de la infraestructura. Ahí la discusión debe ser más precisa, si bien la infraestructura es una forma de utilizar el avance tecnológico de nuestro tiempo, ahora requerimos que estas incorporaciones nos den nuevas visiones de ciudad y que abonen a la solución de conflictos.

La brecha de la productividad no puede faltar, la economía es el sistema circulatorio de las ciudades, entonces no podemos dejar de lado ni el crecimiento económico, ni su mejora, es decir ésta también debe ser una vía primaria.

Estas cinco rutas no pueden sino estar conectadas por el nodo de la gobernanza. Un crecimiento institucional y un desarrollo de la responsabilidad ciudadana en el proceso de constituir la metrópoli. Coordinación entre los órdenes de gobierno y con las diversas materias y los diversos sectores sociales y económicos.

Cinco rutas, que muy bien podrían estar acogidas bajo el mandato jurídico del artículo 4° de la Constitución Mexicana, que vela por los derechos fundamentales, entre los cuales reconoce, protege y corresponsabiliza la vida en las ciudades, entre gobernados y gobierno. Quizá a la luz de una utopía constitucional, esta pudiese ser una de las rutas más claras que el Estado mexicano debiera apostarle, para transitar hacia una Revolución Urbana segura y justa.

El cómo …

La parte más importante de la reforma urbana es ¿Cómo constituimos las ciudades? Esto es que todas las acciones gubernamentales tienen que abonar al resto de los componentes. No podemos esperar que mientras focalizamos esfuerzos y recursos públicos para la producción de vivienda, ésta siga destruyendo la calidad de vida, la productividad, dañando el entorno o demandando infraestructura. La función debe ser inversa, la vivienda o cualquier factor debe venir y abonar al resto de los componentes.

Para ello es necesario que en las políticas públicas converjan el sistema de planeación, el sistema de gestión y el sistema fiscal, para que la acción gubernamental no sea caprichosa (por decirlo de alguna manera).

La Revolución urbana

No podemos seguir parchando el sistema urbano, éste requiere un nuevo diseño. Pensar en la reforma urbana desde el espacio es como creer que con un Instituto Metropolitano de Planeación la ciudad será otra. Eso es una falacia.

Por eso requerimos revolucionar el proceso urbano, los municipios requieren nuevas formas de instrumentación, habrá que discutir cómo llegamos a los catastros multifinalitarios. Los gobiernos estatales requieren nuevos instrumentos de planificación, también habrá que discutir si debe ser un solo instrumento y como unir todo el territorio sin separar al desarrollo urbano de los ambiental. La neo-centralidad federalista debe ser revisada, la dispersión urbana es producto de visiones como ésta, pero también lo puede ser la densificación.

Si queremos constituir una ciudad que valga la pena dejar a nuestros hijos, qué le parece si nos vemos en la esquina de Revolución e Independencia.

EN CON-TACTO

Algunos movimientos civiles organizados comienzan a indicar cuáles podrían ser algunas rutas o alternativas que nos conduzcan hacia un puerto más seguro en esta urgente reforma urbana; entre ellos el Colegio Nacional de Jurisprudencia Urbanística (CNJUR), que en recientes fechas presentaron por escrito al Senado de la República y la SEDATU, el pliego de observaciones e irregularidades detectadas al proyecto de Ley General de Asentamientos Humanos, Desarrollo Urbano y Ordenación del Territorio; anunciando para este próximo 18 y 20 de noviembre el lanzamiento de la Agenda Jurídica Nacional de Reforma Urbanística Ambiental del Estado, de este texto hemos tomado algunos comentarios para el contenido de este artículo. Agradecemos compartir la información.

Cívitas: Taller de Gobernanza

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