La ciudad vista por expertos

Coordinación descarrilada

Cuándo inició la descompostura del tren metropolitano? Al menos sabemos que, a diferencia de muchas leyes vetadas, el nacimiento de la Ley de Coordinación Metropolitana del Estado de Jalisco, votada por la LIX Legislatura, ha sido un avance respecto a otras entidades y que, aunque perfectible, marcó un mensaje de concertación y voluntad de los actores políticos por sacar adelante el “piso” jurídico.

Luego vino la apuesta por dejarla sin aplicar, hasta que un conjunto de grupos y profesionales reunió -en la Asamblea por la Gobernanza Metropolitana- la energía social para mover voluntades y lograr un Convenio para el Área Metropolitana de Guadalajara. En todo este juego del “sí se puede” el entonces alcalde de Tlaquepaque puso sus buenos oficios para facilitar el proceso. Sin embargo, la “herencia” de la coordinación a Guadalajara, y el regreso de la misma al actual presidente de Tlaquepaque, violentaron la legalidad y ha puesto, desde el principio, un freno a la buena institucionalidad.

“La coordinación soy yo” pareciera decir el presidente Barba desde su posición de control de la Junta de Coordinación, que claramente incumple las reglas fijadas en la ley (Ley de Coordinación art. 27, 3: La presidencia de la Junta es rotativa entre lodos los presidentes municipales, por periodos de seis meses, en orden alfabético de los nombres de los municipios integrantes: 1. El Salto; 2. Guadalajara; 3. Ixtlahuacán de los Membrillos, etc.; Estatuto art. 11. Los presidentes municipales del Área ocuparán la presidencia de la Junta por el periodo y bajo el criterio de rotación previstos en la Ley). La sociedad observa y las otras autoridades callan.

Luego vino el desánimo por la forma en la que se diseñó el Estatuto. Era la oportunidad para debatir y diseñar instrumentos para fortalecer la participación social y se perdió. Los consultores, pagados con recursos públicos, hicieron su trabajo en “lo obscurito”, no se discutió amplia y públicamente y los ayuntamientos aprobaron sin ver. Para cuando vino la selección del director del Instituto de Planeación se siguió por el mismo camino. Los actores políticos ignoraron el procedimiento sugerido para una Convocatoria Pública y concurso abierto y a partir de una increíble unanimidad (para los no enterados, cinco candidatos con cero votos y uno con ocho votos). La Junta pasó de un “preferentemente por unanimidad” del artículo 26 del Estatuto a un extraño consenso (¿imposición, acaso?)

Naturalmente que ahora el cuerpo directivo que integrará el IMEPLAN está conformándose sin atender al Servicio Civil de Carrera del Instituto, incluido en el Título Cuarto del Estatuto Orgánico que le dio vida. Nuevamente el amiguismo -y el reparto del “botín”- en lugar de concurso público y evaluación de méritos.

Y qué decir del desánimo frente al Consejo Ciudadano. Concluyó el plazo y la Junta de Coordinación dijo “el Ayuntamiento soy yo” y modificó el Estatuto para ampliar el plazo. Nuevamente la ilegalidad, el artículo 25 de la Ley dice que la aprobación, y por consecuencia la modificación, corresponde al Ayuntamiento. Me vale -dice la Junta- y modifica el tercer transitorio.

QUE A NADIE EXTRAÑE EL DESÁNIMO

“Ya estamos haciendo otras cosas por la metrópoli” declaraba una organización civil para explicar el desinterés por participar en el Consejo Ciudadano para la Coordinación Metropolitana. Es claro: La institucionalidad para coordinar al Área metropolitana de Guadalajara se rompió desde el principio, ahora vemos una más de sus manifestaciones.

Como se sabe en este caso -el del Consejo- el desánimo viene desde la ley que limita cuando dice “los acuerdos del Consejo en ningún caso serán vinculantes para la Junta, el Instituto o los demás órganos de coordinación metropolitana. En otras palabras, los acuerdos del Consejo no le servirán a nadie ¡ni siquiera al propio Consejo! como uno más de los órganos de coordinación.

Empero, el temor es mayor. La “mesa está puesta” para el control y el autoritarismo legitimado con un aire “ciudadano”. Algunos ejemplos: si la Ley dice (Art. 32, numeral 6): EI Consejo puede tener un Secretario Técnico que debe depender administrativamente del Instituto… el Estatuto ya lo nombró (y será el titular de la Unidad de Concertación Social del Instituto, art. 80, fracción II)

Sí la Ley puso cinco restricciones para no ser consejero, el Estatuto (publicado en febrero de 2014), lo tipificó como “supuestos de incompatibilidad” y le suma unos cuantos de retroactividad: I. Haber participado como candidato a un puesto de elección popular en los tres años previos a la designación; II. Haber ocupado un cargo de dirección partidista en los tres años previos a la designación; III. Haber sido servidor público de confianza en los poderes, organismos constitucionales autónomos, ayuntamientos y sus dependencias y entidades, en cualquiera de los tres órdenes de gobierno, a menos que se hubiere separado de sus funciones con al menos un año de anticipación al día de la designación, y IV. Las demás que determine el Consejo Consultivo en sus reglamentos internos, manuales administrativos y lineamientos.

¡El Consejo Consultivo (funcionarios públicos) opinando y determinando sobre otro Consejo, el Ciudadano, cosa que, por tanto, significa el control de la autoridad sobre la coordinación metropolitana!

Se dieron vuelo poniendo las causas de “revocación”: Los requisitos para ser consejero superan a los de cualquier otro Consejo Consultivo u Observatorio. ¿Cuántos requisitos para ser Consejero Consultivo? Prácticamente NINGUNO, sólo ser funcionario público ¿A qué le temen? Y luego se preguntan ¿Por qué el desánimo y la poca participación social?

LAS PREGUNTAS “CUARONAS”

¿Quién decidió tirar por la borda la votación unánime de la Ley de Coordinación Metropolitana?

¿Por qué sigue Tlaquepaque al frente de la Junta?

¿Por qué no empezó El Salto?

¿Cuándo se vencen los seis meses para el relevo?

¿Cuándo se publicarán los criterios y reglas claras para integrar el IMEPLAN?

¿Quién se decidirá a “ponerle dientes” a los Consejos?

¿A quién le sirven los Foros de Consulta que resultan en opiniones no vinculantes?

¿En verdad alguien cree que esa simulación sirve para algo?

EN EL DEBATE

“Todos tenemos 312 horas para salvar al Imeplan y constituir un consejo ciudadano sólido” ha escrito Jaime Barrera (Milenio 02 mayo)… Estimado Jaime, esperamos persuadirte que no podemos seguir minimizando la legalidad, frente a una supuesta legitimidad. No nos parece conveniente seguir cerrando los ojos aceptando que “nada más se está violando poquito la Ley”. La dinamita de la coordinación metropolitana la siguen encendiendo las autoridades.

Por eso creemos que para salvar la estructura de organización de la metrópoli, las autoridades -empezando por los miembros de la Junta- tienen que restituir la legalidad y reponer el proceso. ¡Que elijan al primer presidente legal! Los Ayuntamientos también tendrán que recomponer los tiempos para la elección del Consejo, y de paso rehacer el Estatuto “chafa” que firmaron sin ver… si es que de algo les importa la legalidad metropolitana.

La coordinación metropolitana no puede ser un bastión político más. La ciudad merece algo más que reparto entre “cuates”. Los retos ambientales, urbanos, sociales continúan ¿Cómo se puede esperar que esta frágil institucionalidad ayude y conduzca los esfuerzos hacia su superación?

No se trata del valor o peso político de los titulares del gobierno metropolitano, se trata del valor que ellos han venido otorgando a los ciudadanos y al tiempo e inteligencia invertido en participar en órganos de gobernanza metropolitana.

El desprecio a la propuesta y a la participación ciudadana es más que evidente. La clase política recurrió al más clásico ostracismo, abandonando el enorme capital social que en esta ciudad existe. “Juguetillos para voluntariosos activistas” es síntoma de inmadurez e incapacidad para gobernar o profunda desconfianza ante la corresponsabilidad ciudadana, vaya usted a saber qué. Pero sólo a eso se le puede atribuir el descarrilamiento de la coordinación metropolitana.

La participación ciudadana no es un juego, exige reglas básicas y principios claros de autoridad, la desconfianza hacia la autoridad no es gratuita. Basta de foros y simulaciones, retomemos juntos la Gobernanza Metropolitana. Autoridades y Sociedad Civil podemos volver a encarrilarla.

Cívitas: Taller de Gobernanza

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