La ciudad vista por expertos

CIVITAS La planificación de la ciudad, en vilo

Añeja y sobreexpuesta es la argumentación de que la planificación sirve para nada, siempre está ausente o se aplica mal. Total, nuestras ciudades rápidamente encuentran al causante de todos sus males.  ¡Todo es por falta de planificación!

Frente a tamaño simplismo, bien haremos en recordar que en nuestro caso –la Guadalajara Tapatía- desde su fundación, ha sido fruto de un trabajo de planificación moderna. Sí, ese viejo Centro, constreñido a su retícula, fue producto de Reales Ordenanzas que, a decir de los abuelos castizos, era de una belleza sin igual.

¿Será entonces que la planificación, que ayer fue útil hoy, es inútil? ¿Es que nuestras pretensiones cada vez son mayores? o ¿Es acaso desechable la planificación?

Criticar a posteriori suele ser un deporte nacional -tan barato- que es accesible a cualquiera. Si nos dan voz, todos emitiremos nuestro veredicto. En estas condiciones, la planificación siempre se encuentra en desventaja; todos la criticamos y quien la sueña, quien la elabora y quien la aplica… Todos, salen mal parados.

Pero así como no queremos simplificar, tampoco nos interesa justificar tan caro ejercicio. Reconocemos que en la gobernación de las ciudades hay un fracaso cada vez más evidente, que ni los instrumentos de planeación, ni las políticas públicas para los asentamientos humanos han podido contener. Podemos afirmar que, inclusive, han sido parte del problema.

LA CULTURA DE LA (DES) ORGANIZACIÓN

La planificación implica un proceso de toma de decisiones, otro de previsión, visualización y otro más de predeterminación. Todo plan tiene tres características: primero, debe referirse al futuro; segundo, debe indicar acciones. Y tercero, existe un elemento de causalidad organizacional.

La planificación es un insumo indispensable para la cultura de la organización de la ciudad, es una práctica poco arraigada en una sociedad en donde más del 50 por ciento de la PEA trabaja en la informalidad y en donde más del 95 por ciento trabaja en MIPyMEs -formales  e informales-. El ethos de la informalidad permea todas las prácticas de la sociedad y la planificación se confronta con estas actitudes que impiden la acción eficaz.

Los procesos de planificación al interior de los ayuntamientos están inmersos en esa vorágine: no se respetan las normas, se infunden procedimientos, se establecen decretos ilegales; en fin pareciera que la planificación es una cosa de otro mundo. Y aun así se le exige al ciudadano que responda de manera formal, que cumpla cabalmente.

En este sentido las acciones de las instituciones y las exigencias a la política pública deben avanzar en la evaluación de diversos aspectos, a decir, por lo menos 5: la consistencia de la acción, su diseño, su desempeño, su impacto y los procesos.

VISIONES ENCONTRADAS

La planificación es una materia constitucional y a ello debe subordinarse el derecho civil, sin embargo, hay que partir del reconocimiento de que el derecho de propiedad en México -asociado a las restricciones que le impone la planeación- es frecuentemente motivo de tensión y falta de acuerdos y, en consecuencia, su insuficiente manejo está generando serios problemas para nuestro desarrollo.

Desde su origen, en la concepción civilista (regulada por el Código Civil, de origen Napoléonico) la propiedad privada tiene un carácter casi absoluto y las regulaciones del Código posibilitan tres derechos fundamentales: Uso, Disfrute y Disposición. Sin embargo para el derecho público ésta es normada y acotada por la Planeación y Ordenación Territorial, que dan a la propiedad una modalidad que otorga al poder público una capacidad para afectarla, en virtud de la utilidad pública y el beneficio social.

Desde el punto de vista constitucional, de las leyes generales y de la actuación específica, hay un conjunto de imposiciones y de obligaciones a la propiedad, no únicamente derechos, que se encuentran a lo largo de varios ordenamientos. El poder público impone la modalidad al Uso de Suelo y por otro lado obligaciones ligadas a autorizaciones y licencias en el momento en que el particular quiere ejercer el derecho de desarrollo descrito en los Planes y Programas.

También es motivo de tensión cuando se habla de recuperación de plusvalías, contribución de mejoras o pagos por impactos urbanos y ambientales. En general, nos referirnos a la intención de la comunidad de recuperar parte de la inversión general, o de cobrar porcentaje de un mayor precio del suelo, asociado por ejemplo a una inversión pública en la que el propietario del suelo poco o nada contribuye a ese incremento del valor. En este caso aún el Código Civil Federal mexicano establece el principio civil clásico del “enriquecimiento sin justa causa”.

El problema es pasar de lo escrito, y de lo dicho, a los hechos. La mayoría de las autoridades renuncia a cobrar a favor de la comunidad, prefieren regalar los derechos de desarrollo. Tenemos la típica apropiación de utilidades en manos privadas y los impactos negativos transferidos a la colectividad. Faltan recursos para la renovación de infraestructuras, y al alto valor de suelo en manos de propietarios y especuladores urbanos no se le toca.

CON LOS PIES EN EL SUELO

Desde la década de 1980, el Estado Mexicano ha realizado reformas que buscan transformar -por medio de la simplificación- la estructura del orden federal, estatal y municipal basados en la idea central de que el gobierno debe coadyuvar a ser promotor de las expectativas que son generadas por una sociedad más informada, crítica y participativa (Jorge Culebro, 2000). Sin embargo, todavía domina una visión monolítica estatal que ha mantenido lo público alejado de los ciudadanos.

De hecho, lo que distingue al orden de gobierno municipal del estatal y del federal es la cercanía y la posibilidad de participación que tiene con el ciudadano. No obstante, la democratización de la gestión municipal sigue siendo una tarea pendiente y se complica aún más frente al fenómeno metropolitano, que exige acciones concertadas, concurrentes y cooperativas a los retos comunes.

En Jalisco, el avance en la gobernanza metropolitana ha venido en parte aparejada por la idea misma de la creación de metrópoli y por ello se ha venido gestando de una manera muy discreta en décadas anteriores consiguiendo con el paso del tiempo una participación cada vez mayor en temas de gobierno y gobernación democrática. Sin embargo, creemos que la oportunidad de oro, al crear un Instituto Metropolitano de Planeación para el Área de Guadalajara, se diluyó en el proceso que derivó en una selección de un equipo sin experiencia en la gestión pública intermunicipal.

La planificación urbana y la transformación de la ciudad requieren procedimientos serios y específicos. Es imposible seguir reinventando la ciudad y dejando incompletos los instrumentos para la eficacia de los resultados. Se trata de una materia suficientemente compleja como para que un regidor, un promotor inmobiliario, o un traficante de drogas, la subyugue, pues somete a toda la sociedad.

La reforma urbana como proceso de largo plazo y alcance, resultado de la concatenación de actores, de ejercicios deliberativos, de prácticas incluyentes, de esquemas de diálogo, sigue siendo un reto pendiente.

No podemos seguir estando en vilo, es necesario poner los pies en el suelo, esa es una deuda que la planificación mantiene con la sociedad...

EN CON-TACTO

En esta sección hemos procurado mantener un diálogo con algunos de los lectores que amablemente han opinado, criticado o retroalimentado nuestras colaboraciones.

Ahora, estimados lectores, queremos aprovechar el espacio para anunciar un ¡hasta luego¡ La idea de Cívitas: Taller de Gobernanza, ha sido -a través de la colaboración editorial quincenal- poder contribuir al debate sobre la ciudad, a partir de establecer un diálogo entre el grupo multidisciplinario de trabajo que se convocó para emprender esta tarea.

Para nosotros la experiencia -de aspiraciones didácticas- ha sido sumamente enriquecedora y nuestro compromiso se fortaleció cuando recibimos muestras de interés y agradecimiento por el trabajo. Pero es necesario decirlo, lograr consensos no es tarea fácil. En este tiempo, al igual que la ciudad, hemos evolucionado hacia otros caminos: proyectos académicos, compromisos profesionales, otros más existenciales; todo ello ha ido dificultando la posibilidad de continuar con el método argumentativo y deliberativo al que nos hemos comprometido.

Por ello hemos decidido hacer una pausa, en espera de otro momento para retomar este proyecto de colaboración periodística. Agradecemos a los colaboradores externos que compartieron con nosotros la responsabilidad de algunos de los escritos. Especialmente agradecidos con Jaime Barrera y el equipo de MILENIO, por aceptar la apuesta y correr el riesgo. Agradecemos el generoso espacio. A nuestros lectores va nuestra profunda gratitud. Regresaremos con nuevos temas y propuestas, nuevas persuasiones para sumar a la construcción en gobernanza. ¡Hasta pronto!

Cívitas: Taller de Gobernanza

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