La ciudad vista por expertos

¡Aguas, que nos lleva la corriente!

Se trata de un anuncio cíclico: todos los años, cuando se abre la temporada de huracanes, Guadalajara vuelve a oler a tierra mojada. No hay temporada más deliciosa que esta para vivir la ciudad: el clima es muy reconfortante, la lluvia y el reverdecer son mágicos.

Los de este lado del país somos hijos de los huracanes y de las tormentas tropicales. Son estas lluvias las que nos dan vida, de ellas saciamos nuestra sed, con ellas se cultivan nuestros alimentos. Pero es generosa y a la vez dura, es nuestra paternidad climática. Con la llegada de las lluvias vienen los fuertes vientos, la caída de los árboles y las inundaciones, aunado a los agentes como la lluvia ácida y la impermeabilidad del suelo.

Hace pocos meses un funcionario del Sistema Intermunicipal declaró que las inundaciones no son la prioridad, sino dotar de agua a las colonias. ¡Mucho agua y falta agua¡ esas son nuestras contradicciones, pero usted no se inquiete. Mejor reflexionemos con “el agua hasta el cuello” o, en su defecto, que no nos lleve la corriente.

Las políticas públicas no pueden seguir siendo las comunes y corrientes, que nos tienen en esta situación, porque seguiremos teniendo los mismos resultados. Hay que cambiar las preguntas y mejorar las respuestas que hemos encontrado hasta ahora.

Estrés hídrico

Tenemos lustros escuchando la publicidad -o amenaza- de que el agua se acaba. Atacar la conciencia de los consumidores ha sido “el recurso”-y eso está bien-. Ciertamente se trata de un bien escaso, del cual debemos hacer un uso más racional, pero ese no es un asunto sólo de los consumidores.

La Política Pública sustentable del Agua requiere de estímulos económicos y de instrumentos más eficaces.

Existen expectativas en las últimas modificaciones al sistema tarifario, las cuales irán provocando nuevos comportamientos en los consumidores. Ahora pagan con una mayor tarifa quienes más consumen: tener jacuzzi, regar el pasto con agua potable y llenar la alberca, es más caro y eso duele.

Sin embargo, esto podrá o no resolver de alguna manera la racionalidad de los consumidores y las finanzas del SIAPA, pero no resuelve el problema del estrés hídrico, puesto que no existe control en la calidad, en la sobreexplotación del recurso, ni en el tratamiento de las aguas. Sobre este último fincamos esperanzas para que el proyecto de Agua Prieta nos haga ir un paso más hacia la sustentabilidad.

 Políticas de innovación y cambio de paradigma

En el mundo entero -y en Guadalajara- se están discutiendo las nuevas orientaciones y los lineamientos para que la política pública no siga siendo la corriente y común que nos tiene en esta situación. Las medidas de mitigación se plantean desde nuevos enfoques, tanto en el uso del agua como en la “cosecha” de la de lluvia y su disposición a las nuevas redes de drenaje separadas.

Los cambios tecnológicos en las casas -y en el manejo de las redes públicas- es una de las acciones más rezagadas, todavía se pierden muchos litros en fugas y en tecnologías derrochadoras.

Guadalajara, especialmente la ciudad central, requiere de una renovación de la infraestructura, tanto de dotación, como de conducción de las descargas y para la introducción de redes separadas para las aguas pluviales.

Poco se está haciendo para introducir en los programas e instrumentos de planeación y gestión, para que los sanitarios, las redes domésticas y los “aljibes” para el almacenamiento cambien a sistemas más ahorradores.

Las “azoteas verdes” o los depósitos de captación de “aguas pluviales” son opciones que nos involucran a todos y que pronto tendrán que ser llevados a los instrumentos de planeación y gestión del territorio y a la administración de las construcciones, para que éstas se diseñen con nuevos criterios de sustentabilidad. 

Las inundaciones

El sistema de drenaje pluvial en la ciudad acumula errores históricos graves e irreversibles: entubamiento de ríos con secciones insuficientes, modificación de microcuencas, colectores mixtos de aguas negras y pluviales. En los últimos 30 años, la permeabilidad de las calles, reducción de áreas verdes y no ha habido obras importantes que subsanen esta situación.

El inapropiado manejo de las cuencas hidrológicas ha venido provocando que la ciudad se pinte de zonas de riesgo por inundación que cada año vienen a recordarnos la irresponsabilidad en el manejo de las corrientes. El agua “reconoce” su camino y cuando éste se satura de concreto y se reducen las secciones de los cauces -por el “agandalle” de terrenos ganados a los lechos de los ríos- pagamos el costo social y económico.

Los riesgos por ocupar zonas colindantes a los ríos y arroyos nos siguen pasando la factura en vidas y propiedades. SEDATU tiene programas para la reubicación, los municipios tienen que gestionarlos y alguien tiene que pagar el costo de la persuasión y prohibición efectiva para que nuevos asentamientos no se toleren en estos sitios.

La saturación de alcantarillas y bocas de tormenta tiene también un componente que las bloquea por los desechos tirados en la calle junto con tierra arrastrada por las corrientes. Esto provoca “albercas” urbanas que dañan el patrimonio de la ciudad y de sus habitantes.

El diagnóstico puntual de las zonas de riesgo existe, lo que falta es la política que resuelva, incluida la corresponsabilidad de cada uno de nosotros para modificar hábitos hacia reducir los riesgos asociados a las inundaciones

¿Quién paga?

Básicamente tenemos un gran problema: todo lo echamos por el mismo caño. El Programa de Manejo Integral de Aguas Pluviales (PROMIAP) plantea enormes costos a la solución del problema, dos canales de aguas profundas que se estiman, sólo en ellos, 2,600 millones de pesos, vasos reguladores y la adecuación de cauces, además por supuesto del mantenimiento y sustitución del sistema actual de drenajes.

¿El de atrás paga? Es el sistema que hemos venido utilizando mientras los costos se siguen acumulando y las aguas servidas más las pluviales van por donde mismo. No existe un aprovechamiento generalizado y eficaz de las aguas de lluvia.

Nadie quiere hacerse responsable por los pagos de la plomería. Cuando decimos que es el gobierno quien debe garantizar el funcionamiento del sistema, los municipios dicen que no hay recursos.

Si se dice que los promotores inmobiliarios deben pagar por la instalación de las redes, ellos saldrán con lo de siempre: “las cuentas no dan” y “así no se puede construir vivienda de interés social”.

Pero más allá de excusas, la discusión se torna sobre el tan “cacareado” término de sustentabilidad, ¿Seguiremos manteniendo un sistema que hace un desperdicio de las aguas pluviales mezclándolas con el drenaje, para después tratarlas y aún pagar por ello? ¿Seguiremos sosteniendo programas de bacheo que cada temporal arrastra? ¿Es la re-densificación una oportunidad para solventar el estrés hídrico o para acrecentarlo?

Nuevamente viene a cuento que el recurso hídrico es un bien común y que su servicio se refiere a un bien público que el gobierno debe garantizar.

No hay secretos, todos debemos pagar por ello y principalmente aquellos que se benefician primariamente. El instrumento de Contribución Especial por Mejoras es el mecanismo más apropiado que nos permite garantizar que las obras se pagarán por el beneficiario final.

 Gobernanza del Agua

Uno de los elementos fundamentales es la gobernanza del agua y ésta va más allá de un Observatorio. Se trata de contribuir a la transformación de los procesos. Generar y fomentar el debate sobre las problemáticas y sus alternativas de solución, sobre la eficacia de la política pública y sobre los ahorros del ejercicio gubernamental.

No es asunto menor: la planeación urbana se autoriza por la capacidad de agua y se olvida de las consecuencias en su conjunto. La impermeabilidad urbana es una constante, y no se plantean alternativas de solución.

Para que no nos lleve la corriente, necesitamos ser más ambiciosos y eso concierne a la implementación de políticas públicas más audaces para incentivar el desarrollo urbano.

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En Con-Texto

El estrés hídrico es un fenómeno cada vez más extendido en las sociedades modernas, que provoca un deterioro del recurso agua dulce en términos de cantidad (acuíferos sobreexplotados, ríos secos, lagos contaminados) y de calidad (contaminación con materia orgánica, mezcla de aguas salinas). Sucede cuando la demanda de agua es más grande que la cantidad disponible durante un periodo determinado de tiempo o cuando su uso se ve restringido por su baja calidad.

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Cívitas: Taller de Gobernanza

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