La benemérita opina

La niñez, el gran tesoro humano

De la palabra niño, se deriva niñez, que es el periodo de la vida humana desde el nacimiento hasta la pubertad. México es un país joven y de jóvenes. México cuenta con cerca de 120 millones de personas, de los cuales, casi el 60 por ciento, son menores de 30 años, somos jóvenes.

Somos un país joven, porque apenas en 1821 logramos una aparente independencia de España y luego entramos a la órbita de la Doctrina Monroe, en la cual seguimos, en gran medida, por ser desorganizados, carentes de un proyecto político, con una misión y visión mexicana y con respeto al planeta, en pocas palabras, somos una sociedad que sigue en la niñez; basta ver cómo se desarrollan las campañas políticas, que giran más en torno a la desacreditación, a la denominada guerra sucia, diatribas, injurias, calumnias, difamaciones y todo tipo de denostaciones, en lugar de hacer propuestas con base a estudios científicos, multidisciplinarios y planteamientos sólidos, con fundamentos y argumentos de expertos.

También somos un país niño, porque gran parte de la población total del país es de corta edad, como se puede apreciar, casi el 30 por ciento del total de la población del país es menor de 15 años, lo cual significa que debemos trabajar en la niñez si queremos corregir la actual situación social en franca degradación en todos los órdenes.

Por lo anterior, nos debe quedar muy claro lo que es la sabiduría popular que reza el futuro del país y del planeta es de los niños, lo cual es una gran verdad, por tanto, son nuestro mayor tesoro y representan la herencia humana en genética, cultura, ideales, proyectos, metas, objetivos, memoria histórica y todo tipo de ver hacia el futuro, lo que podría valorarnos o enjuiciarnos, serán sin lugar a dudas, los que vienen.

Lo que nosotros estamos haciendo con nuestros antepasados, es olvidarlos, ignorarlos, ser desagradecidos y en muchas ocasiones, no recordarlos con cariño; en muchos casos, los hijos llevan a sus padres a los asilos, porque tienen que vivir su vida sin estorbos, lo que hacen también muchos jóvenes que tienen la capacidad de procrear niños, pero no la de ser padres y los abandonan en la calle, de ahí la desvergüenza y cínica frase de son niños de la calle, como si las alcantarillas o el asfalto hubiese parido a tan maravillosas criaturas que tan mal tratamos.

Lo mismo ocurre con la barbaridad de decir son ninis, porque ni estudian, ni trabajan, refiriéndose a niños y a jóvenes; nosotros pensamos que es una agresión, ya que en realidad nuestra sociedad, en la que no nos comportamos como socios, solidarios, fraternos y demás formas de apoyarnos, es una agrupación que ha sido incapaz de alimentar, educar, dar bases de una buena salud, recreación y de cumplir los mandatos constitucionales en cuanto a la formación de la niñez.

Así, nuestra Norma Rectora o Constitución nos señala que todos somos iguales y que no debe haber ninguna diferencia en ningún ser humano por el nombre, el apellido, la posición económica, cuestiones raciales, de color o de origen genético, por ideología o razones políticas, culturales, religiosas, sociales o de cualquier índole, en conclusión, todos somos iguales en todos los sentidos ante la ley, la cual señala que se debe educar a los niños, a todas las personas, con igualdad.

Además, la educación debe ser libre, gratuita, científica, técnica, ajena a dogmas y prejuicios religiosos, planeada, racional, nacionalista, democrática y humanista, de manera principal, lo cual encierra los grandes valores, principios e intereses de la República y del planeta, que debe ser la gran República humana.

Asimismo, la Norma Rectora o Constitución, señala que es obligación de los padres de familia, del Estado y de la sociedad educar a todas las personas, desde la preprimaria, primaria, secundaria y el bachillerato o educación media superior, lo cual nunca hemos hecho en México y que era un propósito desde la Revolución de 1910 y concretado en el artículo tercero de nuestra Norma Rectora vigente.

Entonces, el sistema educativos de México, padres de familia, profesores (pobresores), autoridades y sobre todo, nuestro tesoro más valioso, la niñez, se encuentra en manos de la televisión, de la radio, el cine y los diversos medios electrónicos que manipulan a la niñez, a la juventud y a todos nosotros en torno a la mercadotecnia, al consumismo y donde somos máquinas de comprar y vender, donde se le hace creer a la gente, desde su más tierna infancia, que todo se compra y todo se vende, lo cual es un gran error.

Se puede comprar medicina, pero no la salud; se puede comprar un libro, pero no la sabiduría; se puede comprar una buena cama, colchón, almohadas, pero no una conciencia tranquila; se pueden comprar redes sociales, pero no el sentimiento del pueblo; se pueden comprar regalos, pero no el corazón, se les pueden comprar muchos regalos, juguetes y cosas a los niños, pero no su salud, su educación, sus valores, principios, el amor por su mamá, por su papá, por su patria, por su país, por su gente.

Necesitamos formar niños con amor, con tiempo, con atención, con cariño, con valores, principios, intereses comunitarios, con respeto y demás elementos que son la base del proceso de humanización del animal que llevamos dentro, el cual, se está alimentando con instintos, mercancías, depredaciones y procesos antihumanitarios.

Lo más importante todavía lo tenemos, que es la niñez, su ternura, su limpieza de alma, sangre y corazón, es menester respetarla, conservarla, es la maravillosa semilla que seguirá a lo que somos, es un buen tiempo de pensar en el futura a partir de amar a la niñez, de nosotros depende.

JOSÉ DE JESÚS COVARRUBIAS DUEÑAS