La benemérita opina

Necesidad de una norma rectora para México

Nuestro país, requiere, de manera urgente, una nueva o la primera Norma Rectora, en virtud a que los documentos, pactos, contratos o Constituciones que hasta hoy hemos tenido, no han sido la resultante de los acuerdos o convenios de todos los integrantes de nuestro pueblo; por tanto, todo el pluriverso cultural y normativo no se ha integrado a nuestra Norma Rectora, de ahí que no exista una conciencia social de todo el pueblo en torno a la protección de los valores, principios e intereses más importantes y trascendentes.

Aunado a lo anterior, no tenemos una cultura en lo general, los mexicanos no conocemos nuestra historia, nuestra geografía, costumbres, usos, tradiciones, prácticas y demás elementos culturales del maravilloso pluriverso cultural que tenemos, uno de los acervos más ricos en el planeta.

Asimismo, al no conocer nuestras propias manifestaciones culturales del enorme y maravilloso espectro cultural que conforma un pluriverso rico, enorme, vasto y enriquecedor; tampoco podemos conocer sus normas, tradiciones, costumbres, prácticas, usos, prácticas, valores, principios e intereses de nuestras diversas comunidades prekuauhtemicas, aztecas, mayas, wixáricas, rarámuri, tepehuanes, tzeltales, otomís y demás culturas sincréticas que tenemos. A lo anterior, debemos sumar las formas de ser y pensar de los diversos pobladores del país, regiones, entes federados, municipios, clases sociales y en general, todos los espectros sociales.

Por lo anterior, podemos afirmar, que nuestras normas no son, al momento los grandes receptáculos que preserven los valores, principios e interese más trascendentes de la República; lo cual requiere de un estudio de la Nomología (Cfr. Covarrubias Dueñas, José de Jesús: El Paradigma de la Constitución, México, 1917 a 2010, Porrúa, tercera edición, México, 2010, obra conmemorativa del Centenario de la Revolución de México de 1910).

Entonces, no contamos con una cultura en donde nos conozcamos todos los mexicanos, menos nuestras normas, costumbres, tradiciones, usos, prácticas y demás manifestaciones orientadas a la cultura jurídica; lo que es peor, pocos conocen nuestra Constitución, Norma Rectora, Carta magna o ley Fundamental, la pregunta es, si la gente no la conoce, porqué tampoco la quiere conocer, lo cual nos lleva a otro problema, si la gente no conoce nuestra Norma Rectora, en qué medida podemos afirmar que se cumple, lo cual es una desgracia mayor, la Constitución o Norma Rectora no preserva los valores, principios e intereses de todos; pocos la conocen y menos son los que la cumplen, dónde está el Estado de Derecho.

Se podría pensar, que si a la gente no le interesa el conocimiento de su Constitución o Norma Rectora, entonces, le interesa el país, las instituciones; o también podríamos pensar en que el pueblo podría decir, la Constitución me es ajena, no me interesa porque no me toman en cuenta, entonces, que cada quien haga lo que quiera y estamos en la anarquía, casi nadie la cumple, se efectúan grupos de autodefensa, se hace justicia por su propia mano, pocos pagan impuestos, menos trabajan y de ahí muchos problemas que se derivan de la apatía de la gente al cumplimiento de nuestras Norma Rectoras y demás reglas de observancia general, que son para preservar los grandes valores, principios e intereses de todos como lo es la paz pública, el orden social, el respeto, la tolerancia y el pluriverso cultural y normativo de la raza. Si no se quiere lo que no se conoce, menos podemos aspirar a que se respete lo que se ignora o no existe una conciencia de dichos valores, principios e intereses.

Con los elementos anteriores, se suman los actores, agentes y denominados operadores jurídicos, la cuestión, es: ¿quiénes debemos cumplir con la Constitución o Norma Rectora?, la respuesta es sencilla: todos. Si bien es cierto que los que más responsabilidad tienen de respetar, cumplir y hacer cumplir nuestra Norma Suprema son los servidores públicos, también es evidente que la Norma Rectora o Constitución la debemos hacer efectiva toda la gente, ya que en arca abierta el más justo puede pecar, entonces, si la gente no vigila a sus gobernantes, no está atenta a que se cumplan las normas para el bienestar general, que se resuelvan las necesidades y la problemática social con el concurso de todos, entonces, el pueblo no tiene derecho a quejarse si no participa, si no vota, paga impuesto, vigila que se destinen a las necesidades y atención a los problemas de la gente.

Sumado a lo anterior, el pueblo tiene hambre y sed de justicia, existe la percepción social, de que en nuestro país las leyes no se cumplen y de que no hay justicia, lo cual es muy grave, es una percepción muy peligrosa, que aunada al hambre, desempleo, miseria, ignorancia y demás problemática económica y social, es un detonante de un estallido social o de que sigan existiendo grupos subversivos, inconformes, anárquicos o que se encuentran al margen de la ley, del orden, de la paz, del respeto y de que todos trabajemos en armonía por el bienestar general.

En conclusión, nuestra Norma Rectora debe ser el gran receptáculo que preserve los valores, principios e intereses más trascendentes de todos; es el pacto o contrato social más relevante en donde se encuentran las aspiraciones políticas, económicas y sociales de toda la raza; es nuestra voluntad plasmada en las Normas supremas, para que todos las cumplamos porque es así como se respeta lo acordado lo pactado y si todos nos respetamos, si todos nos cuidamos, trabajamos, pensamos en armonía, entonces podemos aspirar a la paz social y de ahí al constante mejoramiento político, económico y social de nuestro pueblo.

Por la anterior argumentación, consideramos que es menester una Norma Rectora para México. 

José de Jesús Covarrubias Dueñas