La benemérita opina

Justicia alternativa = Justicia preventiva; Justicia convencional

La reforma constitucional publicada en el Diario Oficial de la Federación el 18 de junio de 2008 reformó cerca de diez preceptos de nuestra Norma Rectora, entre ellos, el artículo diecisiete, que en su párrafo cuarto señala que se deben implementar los medios alternativos de solución de controversias.

Para algunos juristas, dichos términos son caducos en virtud de que los conceptos se encuentran en permanente evolución dialéctica y se piensa en la justicia alternativa como otra opción; sin embargo, el término más apropiado por la naturaleza de las normas y ciencia jurídica, sería el de Justicia Convencional, dado que el derecho o las normas, se crean por convención.

En ese sentido, los conflictos surgen por la falta del respeto, de los intereses encontrados, del desconocimiento de los derechos, porque algunas personas quieren obtener ventajas de otras, de que existen rencores, antipatías, ideologías contrarias o diferencias de todo tipo que existen en nuestras agrupaciones humanas porque no somos tolerantes ante el pluriverso cultural, maravilloso y profundo que se desarrolla en las interrelaciones humanas y que varía según las personas, el clima, la cultura y demás circunstancias, en suma, las diferencias son normales, por ello, se debe educar en la tolerancia y eso es lo que nos ha hecho mucha falta, sobre todo, en nuestro país, ser más tolerantes.

En estas maravillosas tierras de nuestro continente, desde las culturas aztecas, mayas y demás, había imposiciones de unos pueblos sobre otros, hecho que facilitó la conquista por los españoles, dado el rencor que existía entre diversos pueblos hacia el dominante o hegemónico, los aztecas o náhuatl.

En el mismo sentido, los conquistadores, con la espada y la cruz, crearon agrupaciones mestizas o sincréticas intolerantes, que hasta la fecha, tenemos en nuestro país, continente y planeta, muchísimas manifestaciones no armónicas a las interrelaciones humanas.

Por lo anterior, como ya lo han señalado grandes estudiosos de los mexicanos y de nuestra conducta como lo han sido Samuel Ramos en el Perfil del hombre y de la cultura en México; Octavio Paz, nuestro Premio Nobel de Literatura en el Laberinto de la Soledad y Rafael Covarrubias Flores en su obra Ensayo Mexihcco Xalisco, son, entre otros, grandes mexicanos que han estudiado a sus congéneres y, de ahí, tenemos algunas conclusiones.

Los mexicanos somos agresivos, intolerantes, individualistas, no nos tenemos confianza porque tenemos complejo de inferioridad, que algunos lo traducen en inferioridad, por tanto, poco o nada trabajamos en equipo, se nos dificultan las tareas, trabajos, deportes o acciones en conjunto y no nos tenemos nada de paciencia, queremos resolver todo rápido y bien a sabiendas de que no hay quién. Los peores enemigos de los mexicanos somos nosotros, por eso se explica que no trabajamos en equipo en todos los sectores, público, privado y social, en especial, por ello, nuestras instituciones no funcionan.

Si a lo anterior, agregamos los problemas económicos, la falta de alimentación, salud, educación, cultura, empleo y demás bases sociales sobre las cuales podamos construir una sociedad armónica que se interrelacione en conciencia del pluriverso cultural en que vivimos, entonces, nos da por resultado intolerancia más intolerancia.

Por lo anterior, es evidente que nuestra integración o componente social es plural, diverso, distinto, diferente y el gran antídoto contra ello es la educación, la cultura, el arte, la música, el conocernos entre nosotros mismos, como dijese el gran maestro griego Sócrates, “conócete a ti mismo”, que es lo que nos falta, conocernos entre nosotros, interrelacionarse, conocer nuestra historia y apropiarnos de nuestra cultura y de lo que somos: gente maravillosa en tierras privilegiadas.

Dentro del cumplimiento de la propia Norma Rectora o Constitución en el sentido de dar educación a todos, lo cual no hemos logrado, también se requiere cultivar a nuestro pueblo para que nos conozcamos, entendamos y aminoremos nuestras diferencias, que en realidad no existen, pero que se han creado por intereses políticos, económicos o de dominación, situaciones éstas, que ya no debemos de permitir.

En dicha tónica, debemos promover la cultura de la paz y en caso de que surjan conflictos, la cultura de la mediación, la solución de conflictos mediante la predisposición de que más vale un mal arreglo que un buen juicio; por ello, bienvenida la justicia convencional, todas las personas y entre todos, podemos resolver nuestras diferencias, conflictos y demás problemas, lo cual requiere querernos a nosotros mismos, a los demás y pensar que todos somos importantes.


José de Jesús Covarrubias Dueñas