La benemérita opina

Familia y matrimonio

La familia es un grupo de personas que se vinculan por el parentesco, que es por afinidad, consanguinidad y el civil. Todos los lazos parentales se interrelación con el matrimonio, podríamos afirmar que el matrimonio es el origen directo e indirecto de todo tipo de parentesco.

El parentesco por consanguinidad es el que se tiene a partir de la mamá y el papá, los hijos, nietos y las personas que se vinculan por la vía de la sangre; de la cual parte el tronco común en ascendientes, descendientes o colaterales.

Cuando se contrae el matrimonio, se genera el parentesco por afinidad, que es el que contraen los parientes de la cónyuge con los del marido (parientes consanguíneos), así como los del cónyuge con los parientes de la mujer (parientes consanguíneos de la mujer); sin embargo, el marido y la mujer no son parientes, son esposos.

El parentesco civil es la adopción y la fuente principal de la adopción es que exista un niño huérfano, de manera natural, de madre, padre, sin familia como abuelos, tíos o que no tenga a ninguna persona que lo proteja, sin tutor, ni nadie quien atienda al infante.

Así, las familias han venido cambiando desde hace muchos años, según circunstancias de toda índole; entonces, desde la historia y la sociología, se considera que han existido familias como la poligámica, poliandria, punalúa, sindiásmica, monogámica y otras modalidades en las diversas conformaciones humanas como la horda, clan, gens, fratrias, tribu, ciudad, pueblo, nación y demás organizaciones políticas.

Después de la Conquista y con las Leyes de Indias, se estableció en la Nueva España y colonias, la monogamia, lo cual tuvo que realizarse así por las normas religiosas y después por las civiles. Entonces, el matrimonio y la familia monogámica, se constituían por una esposa y un marido, mujer y hombre con fines de procreación y de ayuda mutua, así lo disponían las leyes religiosas y las civiles.

En nuestro país, con la Reforma, la separación del Estado y las Iglesias, en particular, la Iglesia, Católica, Apostólica y Romana, que era la institución que controlaba todos los actos civiles de las personas, se tuvieron que separar, así, con las reformas en la Constitución de la República Mexicana de 1857 y las leyes de Reforma y del Registro Civil.

A partir de entonces, la Iglesia Católica, Apostólica y Romana, señalaba que “el único matrimonio que valía era por la Iglesia”, no por la del Estado o del Registro Civil; así, desde la Guerra de Reforma, hasta las postrimerías de la Revolución Cristera en 1930, existieron muchas uniones de hombres y mujeres, que tenían la calidad de matrimonio, pero no se había formalizado por la vía legal, entonces, existían matrimonios de hecho, pero no de derecho; por ello, se instituyó el concubinato, una gran institución y aportación de nuestro derecho, en congruencia a la Nomología, conforme a nuestra historia, sociología y antropología, esto es, se crean instituciones jurídicas para resolver nuestras necesidades y problemática concreta.

Entonces, nuestras tradiciones jurídicas, son importadas, se han injertado, se han hecho viajar e insertar como las modas, lo cual es natural, como desde la Colonia; por ello, muchas de nuestras instituciones, del Estado, de las normas jurídicas, no son eficaces, no son cumplidas, no forman parte de nuestra conciencia social y de las normas de nuestra sociedad.

De aquí que las instituciones deben responder a las necesidades sociales y a la problemática específica, lo cual no ha acontecido en México; por ello, no son eficaces, casi nadie conoce la Constitución de la República, pocos pagan impuestos, las minorías que votan son las que eligen a quienes gobiernan para todos, entre otros grandes problemas de respeto a la ley que tenemos en México.

Otro gran problema social que tenemos en nuestra República son las familias y los matrimonios, que pocos integrantes cumplen la ley; por ejemplo, existen muchos hijos que no son atendidos en sus alimentos; los cónyuges se faltan al respeto, no se ayudan de manera mutua, en ocasiones se agreden, muchos niños y ancianos son abandonados en la calle, lo cual supone que no tienen familia.

Si a lo anterior, agregamos que en nuestro país existen graves problemas económicos como el desempleo, que las áreas rurales están abandonadas por personas que se van a vivir a las ciudades o a los EUA, entonces, tenemos familias incompletas, desarticuladas y que no cuentan con madre, con padre y los hijos, ya no digamos aquellas grandes familias donde concurrían padres, hijos, nietos y demás integrantes, eso ya poco se ve y pensamos que debíamos volver a la unión familiar, que es la unión social y fortalecer nuestros valores, principios e intereses, fortalecer a la familia y a su base, el matrimonio, es respetar, fomentar el amor a las personas, a los mexicanos y a nuestras instituciones.

Es en la familia, con nuestros padres, abuelitos, tíos, hermanos, donde aprendemos a respetar a los demás, a vivir en sociedad, donde se nos enseñó el amor, la fraternidad, la amistad, la solidaridad, y de que todavía podemos confiar en los seres humanos.

Sin familia y sin matrimonio no hay comunidades ni sociedades, sólo individuos, personas aisladas, atomizadas, presas fáciles del capitalismo, de las empresas, de los políticos, de gente sin escrúpulos, al mejor postor, sin identidad, sin tener con quien recargarse cuando se tengan conflictos, en quien confiar, con quien convivir y compartir lo mejor de la vida, se pretende una desintegración social.

En conclusión, la familia y el matrimonio son instituciones que debemos respetar, conservar, proteger y proyectar hacia el futuro para seguir el proceso de humanización, de crear seres con valores, principios, sensibles, atentos a los asuntos importantes, los de las personas (Cfr. Covarrubias Flores, Rafael: La Sociología Jurídica en México, Universidad de Guadalajara, 1998).

 

José de Jesús Covarrubias Dueñas