La benemérita opina

Elecciones y discriminaciones

En México existe la discriminación, dado nuestro origen mestizo debido a una conquista en la cual se creó el prejuicio, se dio nacimiento también al malinchismo (Malintzin o Malinche), de aquí que las diversas formas de discriminación en nuestro espacio es desde la racial o étnica, la económica, la laboral, la religiosa, la cultural, la educativa, la jurídica, la familiar y social, por resaltar algunas.

En nuestra Constitución se establece dentro del artículo primero, párrafo quinto, que queda prohibida toda discriminación por etnia o nación, género, edad, discapacidades, condición social, de salud, la religión, las opiniones, la libertad u orientación sexual, el estado civil o cualquier forma de discriminar y que atente contra la dignidad humana de las personas.

La discriminación es un trato desigual, diferenciado, marginal, ofensivo, oprobioso, con dolo, derivado de un prejuicio, estereotipo o la creencia o idea falsa de considerar que una persona es inferior, lo cual es un error, es una mentira y atenta contra la libertad, la igualdad, la dignidad humana y por tanto, contra la justicia.

En la actualidad, en nuestro maravilloso país, se siguen dando hechos discriminatorios en todos los órdenes, siguiendo la línea histórica de nuestro nacimiento como pueblo nuevo, pero con discriminación.

En materia política, no se permite que los pueblos originarios cuenten con sus propias estructuras políticas reconocidas como el Tlatoani, no cuentan con presupuesto, ni tienen representación en órganos de poder como el legislativo local o federal.

La discriminación económica y laboral, se da en todos los órdenes, locales y nacionales, en las propias estructuras de gobierno en todos los niveles, se firman contratos en contra de la Constitución y de las leyes del trabajo, además, se atenta contra la seguridad social.

Existe también la discriminación cultural, usamos términos como “no seas indio”, para humillar a una persona o para hacerle entender que es inferior; así como “me quieres ver los huaraches”, en el mismo sentido. Lo mismo se interrelaciona con la Iglesia Católica, Apostólica y Romana, que también desconocía a los nombres de nuestros pueblos originarios o comunidades autóctonas.

También hay discriminación jurídica en virtud a que conforme al artículo 17 de nuestra Constitución, toda persona deberá tener acceso a la justicia o a la tutela constitucional y judicial efectiva; sin embargo, para poder acceder a la defensa de los derechos de las personas o derechos humanos mediante el Juicio de Amparo, se requiere de contratar a un abogado con el correspondiente pago de honorarios, excepto algún servicio social como el de la Benemérita Universidad de Guadalajara, entonces, no todas las personas, de manera lamentable, tienen la posibilidad de ser defendidos en sus derechos a través de los juicios.

Lo más lamentable de la discriminación en nuestros días es que también se da en las redes del ciberpoder, se fomenta la discriminación económica o de condición social o de clase, según se tenga poder económico o se cuente con evidencias de tener mayor capacidad económica, lo cual abre las puertas de los “antros” o lugares de esparcimiento, que en ocasiones, son espacios donde se fomentan los vicios, la drogadicción, la prostitución y se induce a los jóvenes para que se adentren en dichos vicios con resultados funestos en que muchos pierden su vida al volante de su automóvil, situaciones muy lamentables de muchísimos jóvenes brillantes, valiosos y que se encuentran hundidos en los vicios, fomentados por medios que forman la opinión pública.

Pero la discriminación no sólo es en México, sino que se da en todo nuestro continente. Desde siempre, nuestros primos y queridos vecinos del norte, nos han discriminado, en nuestra propia casa, lo cual es muy grave, con la salvedad de que existen en los EU, seres humanos sensibles, tolerantes, cultos, que piensan en que todos somos iguales.

Más delicado se vuelve el asunto, cuando un precandidato a la Presidencia de EU, el gran país defensor de los derechos humanos, quienes han luchado por las libertades de las personas en el planeta, por la igualdad y quienes luchan por la justicia, hayan permitido que se pronuncien dichas palabras, se les haya dado difusión y se haya convertido en un debate público internacional, pero en el que se sigue dañando la imagen de seres humanos que merecen todo el respeto.

México y EU cuentan con una frontera común de 3,200 km2; en el territorio de los EU más de la mitad de su población son personas de origen mexicano; aproximadamente el 98 por ciento de la emigración de mexicanos es hacia EU; asimismo México es un país de tránsito hacia el norte, centro y sur del continente; por lo tanto nuestras relaciones son complejas y tenemos que tener mucho cuidado y sensibilidad en su regulación.

Me parece que el doble lenguaje y doble moral de algunas personas no debe ser aceptado, ni siquiera difundido, no con el afán de censura, sino de no hacer apología del delito, si se está violando a la Constitución, a los tratados internacionales, a las políticas de la ONU, de la OEA, de la Unión Europea, por citar organismos internacionales o supranacionales.

Así, dentro de los medios que forman a la opinión pública, en las campañas políticas y demás mensajes que se difundan hacia el pueblo, ciudadanía o tengan como propósito que los receptores sean todas las personas, se debería vigilar que no fueran denigrantes hacia los individuos, dado que se vulnera su dignidad humana.

Además de lo anterior, no se deben promover los prejuicios, denostaciones, difamaciones, calumnias, injurias y demás maneras de fomentar odios, divisiones, dificultades, obstáculos o trabas a las interrelaciones humanas, a la solidaridad y a la fraternidad universal.

En conclusión, todo mensaje humano, de elecciones o de cualquier motivo, debe ser en positivo, en el fomento de la condición humana, que eleve nuestros niveles de entendimiento de interrelacionarnos y de vivir mejor, en paz, en armonía, hacia la libertad, igualdad y buscando una verdadera justicia social.


José de Jesús Covarrubias Dueñas