Apuntes Financieros

La reforma energética y el peligro de la corrupción

Estoy a favor en principio de una reforma energética como la que se está considerando en el Senado. Una que modifique la Constitución, abra Pemex a la inversión privada y estimule la competencia. No creo que podamos seguir como estamos y tampoco que una reforma light como la que proponen algunos resuelva el problema de fondo. Sin embargo, hay un tema en particular que me preocupa y que considero no se le está poniendo la atención que merece en la reforma: la corrupción.

Vivimos en un país donde la corrupción es endémica. Tan solo la semana pasada salió el último reporte de Transparencia Internacional sobre percepción de corrupción en el cual, para no perder la costumbre, aparece México dentro de los peores lugares. Pemex, como todos sabemos, no se distingue por su transparencia. De aquí el peligro de que una parte de los miles de millones de dólares de inversión que contempla atraer la reforma acabe en los bolsillos equivocados.

Algunos en la izquierda han utilizado el argumento del “botín” de Pemex para oponerse a la reforma energética. Su preocupación es acertada, donde se equivocan es en su conclusión. Simplemente no podemos seguir como estamos en materia energética. Hacen falta cambios, y cambios de fondo. En la última década la producción y las reservas de crudo se han caído en una quinta y una tercera partes, respectivamente. La ineficiencia de la paraestatal, con casi el doble de trabajadores de Shell y solo una cuarta parte de sus ventas, es impactante. Encontrar y explotar nuevos yacimientos de petróleo, además de caro, será técnicamente complejo.

No entiendo cómo los opositores de una reforma energética pueden pensar que es factible resolver estos problemas con una reforma light o sin reforma alguna. Pemex tiene que invertir cerca de 60 mil millones de dólares al año para modernizarse y solo le está alcanzando para la mitad. La esperanza de una reforma fiscal de gran impacto que generara de manera eficiente suficientes recursos para liberarle fondos a la paraestatal no se materializó. No hay campo de maniobra: la participación privada es indispensable. Y pensar que los privados desembolsarán las cantidades necesarias y aportarán el conocimiento técnico requerido sin tener reglas claras, incluida la Constitución, es ingenuo.

Donde se debe enfocar la energía de quienes se preocupan por la corrupción que puede traer la reforma no es en oponerse a ella ni en plantear una reforma light, sino en poner todos los candados posibles para limitar la corrupción.