Apuntes Financieros

¿Tendría que quebrar Pemex?

Pemex está en serios problemas. Lleva tres años de generar pérdidas, y contando. Sus ingresos están cayendo y sus deudas creciendo. El contexto internacional es más adverso y la competencia más intensa que nunca. Para una empresa normal, una situación así podría implicar un concurso mercantil o, incluso, una quiebra. Pero Pemex no es una empresa normal. En su caso, la fuerza de la gravedad corporativa no se aplica. Qué lástima.

Como están las cosas, no se le ve salida a la llamada empresa productiva del Estado. Durante el último año y medio, el precio del petróleo mexicano se ha desplomado más de 70 por ciento, lo que ha causado estragos en sus ingresos. La falta de inversión ha provocado una baja en la producción en cada uno de los últimos 11 años, por lo que Pemex no ha podido compensar los menores precios con un mayor volumen. Su estructura de costos es altísima, producto de una muy sobrada plantilla de 150 mil trabajadores, generosas prestaciones laborales, contratos favorables a varios proveedores y, por supuesto, corrupción. Y por si fuera poco, la petrolera enfrenta por primera vez en su historia un entorno competitivo en México a raíz de la reforma energética.

Por otro lado, su deuda financiera se acerca a 100 mil millones de dólares, a la que habría que sumarle un pasivo laboral que asciende a 90 mil millones de dólares. ¿Cómo va a pagar Pemex esta deuda en un entorno de precios bajos, altos costos y creciente competencia? No tengo idea.

Cualquier empresa privada en una situación similar estaría quebrada o, al menos, contemplando un concurso mercantil. Aunque para una empresa pública como Pemex estos escenarios están descartados, la realidad es que no le caerían nada mal. Un poco de disciplina de mercado le haría mucho bien.

Un concurso mercantil, por ejemplo, le serviría para reestructurar sus enormes obligaciones financieras y laborales, para ubicarlas en un nivel que refleje su realidad. La simple posibilidad de un concurso mercantil ayudaría a renegociar contratos y bajar costos. Los incentivos estarían alineados entre las distintas partes.

Como están las cosas, los pasivos y los costos son insostenibles. El propio gobierno federal parece estar de acuerdo, ya que ha aceptado responsabilizarse por el pago de pensiones y ha accedido a inyectar capital. El problema es que mientras en un concurso mercantil los ajustes los absorberían los acreedores y el sindicato, en el esquema de empresa pública los menoscabos recaen en el gobierno federal o, mejor dicho, en todos los mexicanos.


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