Apuntes Financieros

Un "poquito" de corrupción no está tan mal

Suena raro, por no decir indignante, buscar un ángulo positivo a las declaraciones de Hilario Ramírez Villanueva, ex alcalde de San Blas, Nayarit, quien afirmó hace unos días: “Sí robé, pero poquito”. La comentocracia ha sido casi unánime en condenar al político.

Pero, en mi opinión, en esta ola de críticas se está perdiendo el contexto. Al considerar el país tan corrupto en el que vivimos y la ambición y desfachatez de muchos de los corruptos que tenemos, robar un poquito no parece tan malo. Como dicen, todo es relativo.

Obviamente lo ideal es que nuestros políticos no roben nada. A esto hay que aspirar. Pero pensar que eso puede ocurrir en México de la noche a la mañana es ingenuo. El avance, si es que se llega a dar, va a ser gradual. Por eso lo que pido, para empezar, es que nuestros políticos corruptos no sean tan voraces. Que no se lleven todo lo que pase por sus manos. Que sean más prudentes. Que si van a robar, que roben poquito.

Buena noticia sería si en los gobiernos de los estados solo se robara poquito. Buena noticia sería si ahora que se abra el sector energético la corrupción sea solo moderada. Porque la prudencia y la moderación no son conceptos que entiendan nuestros corruptos. Hay que ser ostentosos, rapaces. Desde esta perspectiva, pareciera que Ramírez Villanueva es un ejemplo a seguir.

Ramírez Villanueva, o Layín, como se le conoce, evidentemente no es un corrupto profesional. Los peces gordos jamás habrían hecho una declaración similar. Ellos (y ellas) son capaces de afirmar y jurar, con total seriedad, que jamás han robado un centavo. De hecho, no recuerdo un solo caso en el que un político, cualquier político (o, para el caso, cualquier líder sindical o empresario) haya admitido robar, aunque sea un “poquito”.

En este sentido, la admisión de Ramírez Villanueva representa un bienvenido desplante de candidez. Es también muy poco común la mesura que muestra al afirmar que no robó mucho porque el municipio era pobre. Muchos en su lugar no se habrían tocado el corazón. No les habría importado que el municipio, el estado o la población objetivo de un programa social fuera pobre. Se habrían llevado lo más posible.

Sin embargo, la relativa inocencia de Ramírez Villanueva parece estar acabando, ya que al día siguiente de sus declaraciones afirmó que todo lo que dijo había sido una broma. Por lo visto, ya aprendió una de las reglas del juego más importantes de la corrupción en nuestro país: negar todo. Dentro de poco, un poquito no le será suficiente.

juliose28@hotmail.com