Apuntes Financieros

Las nuevas cadenas de tv y el costo de procrastinar

Por fin se dieron a conocer los candidatos a adquirir las dos cadenas de televisión abierta. ¿Cuántos postores se inscribieron para obtener lo que por muchos años fue un muy cotizado activo? Tres. Sí, tres para dos cadenas.

¿Qué pasó? ¿Por qué tan bajo interés? ¿No se supone que habría decenas de postores nacionales y extranjeros peleando por participar? Después de tantos años contenciosos, en los que se debatió con tanto fervor la idea de crear otras cadenas nacionales de televisión abierta, la conclusión es anticlimática.

Lo cierto es que el gobierno mexicano se tardó. Le tomó tanto tiempo decidir, que cuando por fin se animó la televisión abierta dejó de ser tan atractiva. Hoy la televisión abierta vive una situación muy distinta a la de hace apenas una década, cuando el interés habría sido mucho mayor.

Internet y la televisión de paga han mermado el mercado tradicional de la televisión abierta al capturar cada vez más audiencia. La gente simplemente no ve la televisión como antes. Netflix y empresas de internet similares, que permiten a sus usuarios ver el contenido que quieran, cuando y donde quieran, están ganando mercado, sobre todo con los jóvenes. Televisión de paga, la cual incluye cable y satélite, se ha convertido en un modelo de negocios mucho más rentable que la televisión abierta. Todo apunta a que el pastel publicitario de la televisión abierta se seguirá achicando.

Nada menos que Reed Hastings, el visionario detrás de Netflix, anticipa que la televisión abierta tiene entre 15 y 20 años de vida. Si consideramos que, según analistas del sector, a los inversionistas que adquieran los nuevos canales abiertos les tomará 15 años recuperar su inversión, entonces podemos entender la pobre participación. ¿Para qué comprar algo que cuando recupere mi dinero, después de 15 años, va a ser obsoleto?

Por si el panorama no estuviera suficientemente complicado, el gobierno les hizo la vida todavía más difícil a los interesados en los canales, al poner una serie de requisitos, como que parte de los contenidos fueran “nacionales, regionales y locales”.

Como he mencionado en este espacio, más que como negocio, el atractivo de las nuevas cadenas abiertas es político. Los ganadores, en mi opinión, tendrán que estar dispuestos a ganar muy poco (o incluso perder) por el privilegio de tener la habilidad de llegar a los televisores de millones de mexicanos.

Con todos los bemoles, bienvenida sea la mayor competencia en televisión abierta. Lástima que no llegó muchos años antes.

juliose28@hotmail.com