Apuntes Financieros

No confundamos, el castigo electoral es por la corrupción

La derrota fue contundente. La oposición ganó siete de las 12 gubernaturas en disputa en las elecciones del domingo y hoy controla más de la mitad del país. El mensaje del electorado es claro: el PRI tiene que cambiar.

No hay duda que se requiere una transformación de fondo en ciertos frentes. Pero no en todos. Mi preocupación es que la elección se interprete como una necesidad de cambio total de rumbo. Esto sería un grave error. Nos guste o no, la realidad es que el gobierno de Peña ha hecho cosas buenas. En varios aspectos, el rumbo del país es el correcto.

Hasta arriba de la lista de cambios que urge implementar es la manera en que se combate la corrupción. Muchos analistas han atribuido los resultados de las elecciones al hartazgo de la gente ante la rampante y descarada corrupción que se vive en muchos estados. Coincido. El nivel de impunidad y cinismo es insoportable. Esperemos que tanto los nuevos gobernadores como el gobierno federal entiendan el mensaje de la población y tomen cartas en el asunto. Esta debe ser la lección número uno del domingo.

El peligro que veo es que los resultados se interpreten como un mandato para cuestionar todo el modelo de gobierno de Peña. La economía, por ejemplo, pese a muchas oportunidades de mejoría, ha tenido un desempeño relativamente bueno. Me queda claro que a todos nos gustaría que creciera mucho más. Pero dado el contexto internacional y los bajos precios del petróleo, la situación podría estar mucho peor. La política macroeconómica, en términos generales, es buena. Realizar un cambio radical en este sentido sería un error.

De igual manera, muchas de las reformas que impulsó el presidente al inicio del sexenio apuntan al camino correcto. Si algo requieren es fortalecerlas, no aprovechar la coyuntura política para buscar tumbarlas. La educativa, por ejemplo, comienza a dar frutos. El impacto de la de telecomunicaciones ha sido profundo. La fiscal, aunque con severas deficiencias, ha contribuido a amortizar el golpe de los bajos precios del petróleo. La energética apenas se empieza a sentir, pero su potencial es enorme.

El problema es que esos logros se están ahogando en el mar de la corrupción en el que vive México. Estoy seguro que el desempeño del gobierno de Peña se vería con mejores ojos si no permeara esta escoria en el país.

Qué bueno que se impulsen cambios estructurales a raíz de las elecciones del domingo. Es hora de reaccionar. Pero el voto de castigo tiene etiqueta. El enfoque debe ser, por encima de cualquier otro, la lucha contra la impunidad.

juliose28@hotmail.com