Apuntes Financieros

El gobierno no nos hace ningún favor

La semana pasada escribí en este espacio sobre un anuncio de radio que sacaron los diputados en el que varios mexicanos les dan las gracias por hacer su trabajo y por distribuir dinero público. Por desgracia, esta actitud —la de menospreciar a la ciudadanía— no se limita a la Cámara de Diputados. Permea en nuestros gobernantes.

Aunque menos ofensivos que los de los diputados, algunos spots de los senadores también retratan a los mexicanos como niños chiquitos. En uno sale una mamá diciendo que su hijo puede “seguir estudiando”, un ama de casa que su presupuesto le “alcanza para más” y un niño que ya no tiene “miedo”, gracias a las leyes que se aprueban en el Senado de la República.

Con demasiada frecuencia, gobernadores, al inaugurar una carretera o un hospital, actúan como si les estuvieran haciendo un favor a la gente que gobiernan, como si el dinero que se utilizó para construirlos hubiera salido de sus bolsillos. Presidentes municipales también son expertos en pararse el cuello a la hora de entregar obra pública o distribuir gasto social.

¿Qué está pasando? ¿Por qué esta actitud prepotente? Si la población ha elegido a los gobernantes y aporta los recursos para que se realicen todos los desembolsos públicos, no debería ser al revés? ¿Qué no el balance de poder debería estar firmemente del lado de la gente?

Por más que me gustaría echarle toda la culpa a nuestros gobernantes, lo cierto es que su actitud responde en parte al comportamiento de la población. En otras palabras: somos cómplices. Por mucho tiempo los mexicanos hemos visto al gobierno como la respuesta de todos nuestros problemas, como un gobierno proveedor, como un gobierno paternal. Por lo mismo, cuando construye una carretera o un hospital cerca de nosotros, nos sentimos agradecidos. No importa que esta sea su responsabilidad y que sea con nuestro dinero. Si el gobierno nos da una escuela, una pensión, un puente o alumbrado (tal como lo presume el anuncio de los diputados), hay que dar gracias.

Es esta figura histórica de gobierno paternalista la que contribuye a la actitud soberbia y altanera de muchos de nuestros gobernantes. Nos ven para abajo, en el extremo como mendigos, pidiéndoles cosas que ni nos merecemos ni nos corresponden.

La buena noticia es que esto está cambiando. Más que como papá, la población está viendo cada vez más al gobierno como un agente a su servicio, responsable de cumplir con sus necesidades y expectativas, al que le debe exigir y no agradecer que haga su trabajo.

juliose28@hotmail.com