Apuntes Financieros

La fórmula equivocada para el "Poli"

Qué cambio tan radical ha sufrido la situación del Instituto Politécnico Nacional en el último par de meses. De querer cambiar el plan de estudios y el reglamento del IPN en un inicio, las autoridades ahora están dispuestas no solo a renunciar a sus aspiraciones, sino a ceder en una serie de exigencias estudiantiles.

Claramente el punto de partida de las autoridades es muy distinto al que se encuentran hoy. De lo que seguramente pensaron iba ser un cambio sin contratiempos, se convirtió en un problemón. Lo cierto es que la situación se les fue de las manos y ahora están tratando de solucionarla accediendo a prácticamente todas las demandas del movimiento estudiantil, poniendo a un lado el problema de fondo que originó el conflicto. Ojalá que esta no sea la fórmula que piensa usar el gobierno para lidiar con otros asuntos candentes que tiene en la mesa.

Como era de esperarse, el movimiento estudiantil está envalentonado. El gobierno aceptó desde el principio todos los puntos de su pliego petitorio y aun así no se han reanudado las clases. Las condiciones han ido aumentando. Apenas ayer, cuando todo apuntaba por fin a una resolución, la Asamblea General Politécnica determinó no continuar con el diálogo hasta que se liberara a tres estudiantes que fueron detenidos en las manifestaciones del lunes.

¿Quién habla ahora de la necesidad de reformar el plan de estudios y el reglamento? Si, como manifestaron los estudiantes inconformes, el problema fue que no se les consultaron los cambios, ¿dónde está su propuesta? El tema de fondo: cuál es el plan de estudios que más le conviene el Poli para preparar a sus alumnos a enfrentar los retos profesionales del mundo moderno, quedó en el olvido.

Las autoridades parecen estar dispuestas a cualquier cosa para apaciguar el conflicto. Una reciente declaración de Enrique Fernández Fassnacht, nuevo director del IPN, me parece particularmente notoria.

Pese a que se han perdido más de dos meses de clases, Fernández Fassnacht declaró que el semestre no estaba perdido. ¿Qué? Estamos hablando que dos meses representan aproximadamente 40% de las clases de un semestre. ¿Cómo se puede rescatar con un agujero de esta magnitud? Y de ser posible, ¿por qué entonces tener semestres tan largos? ¿Por qué no redefinir el sistema de educación superior para sacar a los alumnos en 40% menos tiempo; tiempo que, por lo visto, no es esencial? La capacidad del sistema educativo superior se incrementaría por arte de magia.

En México existe la tendencia de resolver los problemas de manera superficial. Esta no es la fórmula adecuada.

juliose28@hotmail.com