Apuntes Financieros

¿Se convertirá el nerviosismo en crisis?

Hay nerviosismo en el país. Desde la desaparición de los 43 estudiantes, el ambiente se siente más pesado. Existe mayor indignación sobre las injusticias que se cometen y la terrible corrupción que nos aflige. Se percibe un hartazgo, una incertidumbre acerca del rumbo del país.

Ante ese pesimismo colectivo, me llama la atención que las principales variables financieras se hayan mantenido relativamente estables. Dada la tensión en el ambiente, habría esperado mayores consecuencias.

Sí, algunas variables financieras han comenzado a reflejar cierto nerviosismo. Ahí está el peso, por ejemplo, que en las últimas semanas se ha depreciado de manera significativa. El desplome ha sido lo suficientemente grande para que el gobierno decidiera intervenir en el mercado cambiario.

Sin embargo, más que por un pánico local, la caída del peso se puede explicar por la baja en el precio del petróleo. De hecho, se puede apreciar una estrecha relación entre el comportamiento en el precio del hidrocarburo y el tipo de cambio. Muchas otras monedas del mundo, en especial las de países que dependen del petróleo, también se han depreciado ante el dólar últimamente. En otras palabras, lo del peso no es un fenómeno particular de México.

La Bolsa Mexicana de Valores es otro ejemplo de que el impacto del nerviosismo interno no ha tenido grandes repercusiones. Es verdad, el mercado accionario de nuestro país no ha tenido un buen desempeño este año. Pero tampoco la gran mayoría de las bolsas del mundo. De nuevo, el problema no es particular de México.

Lo cierto es que el clima de pesimismo que impera en el país no se ha traducido en una crisis financiera o económica. Al parecer, el mayor riesgo que se percibe internamente no ha pesado mucho en las valuaciones. Hasta ahora, la presión fuerte ha venido de afuera. Son factores como la baja en el precio del petróleo y las expectativas de aumento de tasas de interés en Estados Unidos los que más nos están afectando.

Pero el gran peligro que veo es que el nerviosismo que hoy permea entre los mexicanos se convierta en una crisis de confianza y que ésta, a su vez, se exporte a los inversionistas extranjeros. Si esto sucede, cuidado: el deterioro en las variables financieras y económicas podría ser considerable.

¿Qué puede detonar esta peligrosa transformación? Una pobre respuesta del gobierno a las inquietudes ciudadanas. Hoy el pesimismo de muchos mexicanos no ha tenido un impacto notorio en la relativa estabilidad financiera que gozamos. Depende del gobierno evitar que se convierta en crisis.

juliose28@hotmail.com