Apuntes Financieros

No todo lo que brilla es oro


Esta es la historia de Eike Batista, un emprendedor brasileño que alcanzó la cima de los negocios solo para sufrir uno de los colapsos más monumentales de la historia.

El segundo de siete hijos de un prominente funcionario público brasileño, Batista desde muy pequeño mostró habilidades emprendedoras. A sus 20 ya estaba ganando millones de dólares comprando y vendiendo oro. En 2007 fundó OGX, la joya de su corona corporativa, y en 2008 la sacó al mercado, en lo que en su momento fue la oferta pública más grande de Brasil. En un periodo de cinco años, de 2006 a 2011, Batista logró colocar con éxito en bolsa otras cuatro empresas que empezó de cero.

La principal fortaleza de Batista siempre fue su capacidad de venderse, de convencer a inversionistas de que su ambiciosa visión de negocios sería una realidad. Los inversionistas más sofisticados del mundo, desde el director general de General Electric hasta PIMCO y Blackrock, dos reconocidos operadores de fondos, se peleaban por el privilegio de meter miles de millones de dólares a sus empresas, aún cuando lo que estaban comprando eran básicamente promesas. El hecho de que cuando Batista predicaba su gran visión Brasil estaba pasando por un gran momento en los ojos de la comunidad financiera internacional solo aumentó su atractivo.

Para reflejar el enorme potencial que veía en sus negocios, Batista los bautizaba siempre con una “X” al final, lo que representaba su capacidad de multiplicar riqueza. Además de OGX, ahí están MMX (minería), LLX (logística) y MPX (electricidad).

Su ambición, expresada por el mismo Batista, era convertirse en el hombre más rico del planeta. En un inicio parecía que iba en camino a lograr su objetivo. Partiendo casi de cero, Batista logró acumular una fortuna en papel de 30 mil millones de dólares, lo que lo ubicó apenas el año pasado dentro de las 10 personas más ricas del mundo, según Forbes.

Pero como espectacular fue su ascenso, así fue su desplome. Las reservas petroleras de su compañía estrella y el pilar de su emporio, OGX, resultaron ser mucho menores de lo que se había prometido, lo que desencadenó una avalancha de malas noticias en el resto de sus empresas. La semana pasada OGX se declaró en suspensión de pagos; el precio de sus acciones a menos de 5 por ciento al de un año atrás. Como podíamos anticipar, la fortuna de Batista ha seguido la trayectoria de las acciones de sus empresas.

Aunque particular en muchos sentidos, la historia de Batista arroja valiosas lecciones generales, siendo la más relevante: no todo lo que brilla es oro.