Apuntes Financieros

Urge nueva estrategia contra la pobreza

Vayamos directo a los hechos. La pobreza en nuestro país aumentó en los últimos dos años tanto en términos absolutos como relativos. Pese a dedicar miles de millones de pesos a combatirla, cerca de la mitad de la población es pobre, una proporción que se ha mantenido relativamente estancada en el último cuarto de siglo. La pobreza se reproduce de generación en generación, como es evidente, por la falta de movilidad social en los estratos menos favorecidos.

Ante un panorama como este, con pocos o nulos avances, la conclusión debería ser obvia: hay que buscar nuevas políticas para luchar contra la pobreza. Y sin embargo, la estrategia del gobierno parece ser más de lo mismo.

Sí, ha habido avances. La pobreza alimenticia se redujo en más de la mitad gracias a la Cruzada Nacional contra el Hambre. Programas como Oportunidades y sus diversas encarnaciones han contribuido a mejorar la salud y la educación de miles de niños con carencias. No obstante, como es evidente por las cifras generales de pobreza, los avances distan mucho de ser satisfactorios.

¿Qué hacer? Me parece que se tienen que buscar nuevos esquemas. Es evidente que lo que ha hecho el gobierno no ha tenido el impacto necesario. Lo que me frustra es que muchos funcionarios continúan pensando que la política social del país es la adecuada. Su postura me trae a la cabeza una definición de Einstein de locura. Locura, según el célebre físico, es hacer lo mismo una y otra vez y esperar distintos resultados. Si llevamos décadas utilizando estrategias similares para combatir la pobreza con magros resultados, ¿qué nos hace pensar que si seguimos haciendo lo mismo las cosas cambiarán?

¿Por qué no tratar políticas distintas? Hay buenas ideas. Por ejemplo, el Centro de Estudios Espinosa Yglesias, institución con la que colaboro, ha propuesto una reforma social de fondo, ligada a una reforma hacendaria, que contempla redefinir los programas sociales para atender mejor a la población más desprotegida y financiarlos con un esquema fiscal más eficiente.

Urgen nuevas ideas para detonar el crecimiento económico, quizá el principal antídoto contra la pobreza. En los últimos 20 años, el PIB ha crecido en promedio 2.5 por ciento, una tasa no muy superior a la del crecimiento poblacional en ese periodo. Es difícil sacar a mucha gente de la pobreza con una creación de riqueza tan baja, y las cifras lo confirman. Como contraste, solo hay que ver el caso de China. Gracias a tasas de crecimiento que por muchos años superaron 10 por ciento, China ha logrado sacar de la pobreza a 500 millones de personas.

 

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