Apuntes Financieros

Yo no fui, fue Teté

Nadie es responsable. Esa es la cultura mexicana. Cuando surge un problema, cuando se complican las cosas, todos los involucrados se lavan las manos. No cae nadie, y si cae alguien es el de menor nivel posible.

Esta es la situación que se vive ahora a raíz del fiasco de la Línea 12 del Metro. A año y medio de inaugurarse y tras 26 mil millones de pesos de inversión, la desafortunadamente llamada Línea Dorada tuvo que dejar de operar por representar un peligro para los usuarios.

Tan pronto se dio a conocer la semana pasada esta medida que las acusaciones comenzaron a volar por diestra y siniestra. Como era de esperarse, ningún involucrado —funcionarios, constructores, contratistas, diseñadores— ha aceptado responsabilidad alguna a la fecha.

Por lo que ha aparecido en los medios, el problema parece ser más que evidente, incluso infantil, lo que hace aún más incomprensible que nadie haya dado la cara. ¿Qué tan difícil es averiguar por qué se compraron trenes incompatibles con los rieles?

El costo de este error es enorme. Casi medio millón de usuarios tendrá que buscar alternativas de transporte todos los días, lo que seguramente aumentará su ya largo tiempo de traslado e involucrará un mayor desembolso. En este sentido, el Metro recién anunció que apoyará a los usuarios afectados con 10 pesos al día mientras que se arreglan los problemas. Esto puede significar un desembolso superior a 800 millones de pesos; dinero que, por supuesto, vendrá del bolsillo de los contribuyentes. A esta cantidad habría que sumarle otros 450 millones de pesos que es lo que se estima costará reactivar la Línea Dorada.

¿Quién pagará por los platos rotos, por el desembolso de más fondos públicos, por las inconveniencias causadas a los usuarios? Como jefe del GDF en la anterior administración (que fue la encargada de construir la Línea 12), Marcelo Ebrard es quien ha capturado la mayor parte de las recriminaciones. Habrá que ver. Pero lo que es un hecho es que sus declaraciones no han ayudado; dijo sentirse “tranquilo y orgulloso” por la obra. ¿Cómo puede sentirse orgulloso de una obra que estará parada seis meses y dejará a tanta gente sin esta opción de transporte?

El problema es que la Línea Dorada no es un caso aislado. ¿Cuántas obras públicas mal hechas en el país han quedado sin culpables? ¿Qué decir de estados que adquieren deudas insostenibles o de dinero público que desaparece por arte de magia? Y esta cultura de no-responsabilidad en México no es exclusiva del gobierno. Permea también al ámbito privado.

juliose28@hotmail.com