Apuntes Financieros

Singapur afortunado

Qué envidia. Mientras que en los últimos 50 años los avances de México han sido graduales, los de Singapur son estratosféricos. El responsable de generar este bienestar, Lee Kuan Yew, murió hace unos días a los 91 años.

Después de liderar el movimiento para independizarse de Gran Bretaña, a Lee le tomó medio siglo transformar Singapur de un país pobre en uno de los más prósperos del planeta. En un inicio su nivel de riqueza era similar al de nuestro país; hoy su ingreso per cápita es cinco veces mayor y superior incluso al de Japón y Alemania. Sus estudiantes se ubican en los primeros lugares en las pruebas académicas internacionales. Singapur encabeza también las listas de países más competitivos, menos corruptos y con baja criminalidad.

Si Lee tenía una ideología, ésta era el pragmatismo: “¿Funciona? Si funciona, hay que tratarlo. Si está bien, hay que continuarlo. Si no funciona, hay que descartarlo y tratar otra cosa”. Lee logró instituir un gobierno eficiente e incorruptible; algo que en México solo podemos soñar. La sociedad que construyó es una sociedad basada en el mérito, donde prevalecen el esfuerzo y el talento. Es, asimismo, una sociedad con conciencia civil, acostumbrada, por ejemplo, a no tirar basura y a respetar las leyes. El orden es uno de los valores predominantes.

Es verdad que las condiciones de Singapur son muy distintas a las de México. Gobernar 5 millones de personas es mucho más fácil que 120 millones. Pero nosotros tenemos varias ventajas que Singapur no tiene. Somos vecinos de la economía más grande del mundo y, a diferencia de Singapur, contamos con cuantiosos recursos naturales.

El precio de la abundancia para los singapurenses fue un gobierno de mano dura, casi dictatorial, con poca libertad política. A pesar de que estaba constituido como una democracia, nunca hubo duda de quién ganaría las elecciones. La libertad de expresión era limitada. La eficiencia también tenía un costo. Para fomentar la limpieza, por ejemplo, mascar chicle estuvo prohibido por mucho tiempo.

Con todo esto, el pueblo de Singapur, en su enorme mayoría, adoraba a Lee, a quien consideraban el padre de la nación. Miles salieron a las calles para despedirlo; muchos gritaron: “Lee Kuan Yew ¡Te queremos!”. El reconocimiento no solo fue local. Barak Obama lo calificó como “un gigante de la historia”.

Si hay una conclusión que se puede sacar del caso de Singapur es que el gobierno importa. Un buen gobierno puede hacer una diferencia gigantesca en la vida de millones de personas. Lo mismo que uno malo.

juliose28@hotmail.com