Apuntes Financieros

Pemex puede convertirse en un lastre para el país

Por décadas, Pemex ha sacado de problemas al gobierno. Hoy los papeles se voltearon. Quien necesita ayuda es la recién bautizada empresa productiva del Estado. El gobierno tiene que actuar. Y no por altruismo, sino por el bien del país.

Las finanzas públicas y Pemex están unidas de la cadera. Lo que pasa de un lado afecta al otro; para bien y para mal. Durante mucho tiempo la petrolera contribuyó de manera significativa al presupuesto. Sin ella el gobierno habría tenido que reducir en casi una tercera parte sus gastos o incrementar en un monto equivalente la recaudación.

Pero los tiempos han cambiado. Se acabaron las vacas gordas. Pemex enfrenta la peor crisis de su historia, producto del desplome en el precio del petróleo y años de malos manejos, ineficiencia, corrupción, contratistas abusivos y un sindicato insaciable.

El año pasado, la petrolera perdió la friolera de 32 mil millones de dólares, el peor resultado que ha tenido. Incluso antes de la enorme carga fiscal que le impone el gobierno arrojó pérdidas. Ya son tres años seguidos de números rojos. Su capital contable es negativo en más de 60 mil millones de dólares. La situación es claramente insostenible.

Con una deuda financiera que llegará a 100 mil millones de dólares en 2016, a la cual habría que sumar cerca de 90 mil millones de deuda laboral, la posibilidad de un colapso es real. Y no nos hagamos bolas. Aunque en teoría Pemex es una empresa independiente, con su propio balance, su gigantesca deuda está respaldada por el gobierno y, por lo tanto, por los mexicanos. Si la bomba explota, el país estará entre las víctimas.

Es por eso que el gobierno tiene que actuar, y pronto. De lo contrario, el peligro de
contagio para las finanzas públicas aumenta. Las calificadoras han amenazado con bajar aún más su nota corporativa, lo que encarecería el costo de su deuda. Pemex ya paga una alta tasa de interés para una empresa que tiene el respaldo del gobierno. De continuar su deterioro, se ve difícil que no afecte el costo de la deuda soberana.

La entrada de José Antonio González Anaya como director general y el inmediato recorte anunciado son pasos en la dirección correcta. Al parecer, con los ahorros, Pemex generará recursos suficientes para cumplir con sus obligaciones financieras de corto plazo, lo que le dará un poco de oxígeno. Pero esto debe ser solo el principio. En esta época de vacas flacas la cirugía tiene que ser mayor si queremos que sus problemas no provoquen un riesgo sistémico que acerque al país al barranco.


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