Apuntes Financieros

Nuevas cadenas de televisión: poder, no dinero

¿Quiénes serán los valientes que comprarán las dos cadenas de televisión abierta que subastará próximamente el gobierno mexicano? Tener una nueva cadena de televisión abierta suena atractivo, pero las perspectivas del negocio no lo son.

El negocio de la televisión ha cambiado de manera radical en los últimos años y su transformación está lejos de haber terminado. Mientras que la relevancia de la televisión de paga y por internet está en ascenso, la abierta está en pleno declive.

Muchos televidentes, en particular los más jóvenes, prefieren ver videos por internet gracias a su conveniencia y amplitud de contenido. Otros más están optando por la variedad y calidad de programación de la televisión de paga.

El gasto en publicidad en México ya refleja estas tendencias. De 2009 a 2013, el porcentaje del gasto que capturó la televisión abierta pasó de 58 a 52 por ciento, y para 2015 se estima que descienda aún más.

Por su parte, internet está capturando un mayor pedazo del pastel publicitario. De 2009 a 2013 pasó de 5 a 11 por ciento. El pronóstico para 2015 es de 14 por ciento. Las perspectivas de la señal de paga, con una penetración relativamente baja en nuestro país, también son muy positivas.

Como negocio puro, ¿a quién le puede interesar invertir 830 millones de pesos (que es el mínimo que estableció el gobierno por cadena) para adquirir una concesión de televisión abierta? En este contexto del mercado es un misterio para mí. Y no hay que olvidar que después del desembolso inicial de la concesión habría que invertir muchos millones de pesos más en producir contenido.

De entrada el gobierno espera que los ganadores de las cadenas en licitación generen programación cultural y social, contenido que no se caracteriza por su potencial comercial. Aun cuando consigan producir contenido popular —lo cual no será nada barato— se estima que las nuevas cadenas alcancen una cuota de mercado de apenas 8.5 por ciento en 4 años, cada una. Con una cuota tan pequeña, altos costos de producción y un pastel de publicidad en televisión abierta encogiéndose, las perspectivas económicas para los compradores de las nuevas cadenas son poco prometedoras.

Si las cosas se ven tan difíciles desde un punto de vista económico, ¿qué podrá motivar a un inversionista a meterse a la televisión abierta? El hecho de que es un negocio sexy sin duda es un factor. Pero en mi opinión la razón más poderosa es la influencia política que conlleva ser dueño de un medio de comunicación masivo. Bajo este contexto, la rentabilidad se obtiene en poder y no en dinero.

juliose28@hotmail.com