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Movilidad social: el reto que define nuestros tiempos

Barack Obama dijo en días pasados que la falta de movilidad social es “el reto que define nuestros tiempos”. No podría estar más de acuerdo. Ahora falta que nuestros gobernantes en México se convenzan.

Movilidad social fue un tema toral del discurso anual de Obama sobre el estado de la Unión la semana pasada. El sueño americano, la capacidad de cualquier estadunidense, sin importar su origen, de progresar hasta donde su talento y esfuerzo se lo permitan está en riesgo por la escasa movilidad social, dijo el presidente.

Obama no es el único político prominente que ha puesto a la movilidad social en el centro de la agenda política de Estados Unidos. Paul Ryan y Marco Rubio, dos de los miembros más destacados del Partido Republicano, se han pronunciado en el mismo sentido. En un gobierno que se ha caracterizado por su división, nos dice mucho que exista un consenso sobre la relevancia del tema. Y no es para menos. Pese a sus diferencias ideológicas, ambos partidos reconocen la importancia de ampliar el acceso a las oportunidades a la población y, en consecuencia, estimular la movilidad.

Mientras, en México seguimos enfocándonos en los dos tradicionales problemas sociales, la pobreza y la desigualdad económica, sin hacer mención de la inmovilidad social. Peña Nieto declaró hace poco que uno de los objetivos prioritarios de su gobierno es “abatir la pobreza y la desigualdad”. ¿Y la falta de movilidad social?

Más allá de la relevancia del tema en sí mismo, es imposible entender bien la pobreza y la desigualdad económica sin conocer qué pasa con la movilidad social. Es gracias a la movilidad social que podemos saber qué tan fácil es para un niño mexicano que nace en la pobreza salir de ella cuando sea adulto. Es gracias a la movilidad social que podemos saber si la desigualdad económica es producto del mérito o si se debe a una mala distribución en el acceso a las oportunidades. Las respuestas a estas preguntas son fundamentales y el gobierno debe tomarlas en cuenta en sus políticas públicas para combatir la pobreza y la desigualdad.

Puedo pensar en tres razones por las que la movilidad social todavía no está en el centro de la agenda social de nuestro país: el concepto es difícil de entender; es difícil medirla (apenas en 2006 se empezaron a generar datos al respecto a través de las encuestas Esru de movilidad social en México, las cuales he encabezado), y las políticas públicas para estimularla requieren mucho más de un sexenio para mostrar resultados. Ojalá que esto cambie pronto.

juliose28@hotmail.com