Apuntes Financieros

México bipolar

Estamos cerrando el año con dos perspectivas muy distintas sobre la realidad de nuestro país. De afuera México se ve de maravilla. Adentro las cosas se ven complicadas. Me recuerda al famoso inicio del libro A Tale of Two Cities, de Charles Dickens: “Era el mejor de los tiempos, era el peor de los tiempos”.

Visto desde el extranjero, México no podría estar mejor, sobre todo ahora que se aprobó la reforma energética. Solo hace falta leer los encabezados de los principales diarios del mundo para apreciar la euforia que se vive. Empresas transnacionales han anunciado sus intenciones de invertir miles de millones de dólares. El capital extranjero está entrando en cantidades récord. El llamado “mexican moment” parece estar en su apogeo.

En contraste está la realidad interna. Los temas que dominan la conversación nacional son muy distintos. La gente y las empresas están resintiendo el raquítico crecimiento que ha tenido la economía mexicana en 2013. Aunque nunca se fue, la violencia ha vuelto a tomar un papel preponderante. Apenas hace unos días se dio a conocer que nuestro país es el número uno en secuestros en el mundo. Mientras que vamos para atrás en educación, la CNTE busca sabotear la reforma. El caos de las marchas se ha vuelto un problema recurrente. La corrupción parece estar repuntando.

Tomando en cuenta estas apreciaciones tan opuestas, parecería que estamos hablando de países distintos. Alguien se tiene que estar equivocando. ¿Quién tendrá la razón? Independientemente de la postura que apoyemos, existen varias ventajas de que la percepción de México sea tan positiva en el extranjero. La más relevante es que esta percepción se traduce en inversión y, por tanto, en generación de empleos. Ya varias empresas extranjeras han invertido en el país por la confianza que existe y todo indica que esto es apenas el inicio. Las enormes expectativas por la apertura energética sugieren que la inversión que llegará será significativa.

De cierta manera, la percepción positiva detona un círculo virtuoso. Los inversionistas extranjeros creen que México va ir muy bien, lo que detona su inversión. Estas inversiones, a su vez, generan empleos y competitividad, lo que mejora las expectativas del país. Sin embargo, para que esta cadena se detone, la clave está en que la inversión sea directa y no especulativa. De lo contrario, al primer indicio de duda de parte del capital extranjero el efecto puede ser el inverso. Con el cuantioso capital especulativo que ya hay en nuestro país, más nos vale no decepcionar a los extranjeros.

juliose28@hotmail.com