Apuntes Financieros

Mexicanos felices: la buena y la mala

Los mexicanos ganamos menos, trabajamos más, somos más pobres, vivimos menos, contamos con peor educación, somos más gordos y padecemos de mayor inseguridad que los ciudadanos de la gran mayoría de los países que integran la OCDE; sin embargo, somos de los más felices. ¿Cómo interpretar estás contrastantes posiciones?

La buena noticia, si le podemos llamar así, es que, pese a múltiples adversidades, los mexicanos mantenemos una muy positiva disposición hacía la vida. No importa que el ingreso promedio en nuestro país sea casi la mitad del promedio de los 36 países industrializados que conforman la OCDE. No importa que un mexicano trabaje una cuarta parte más al año de lo que se trabaja en los otros países miembros. No importa que casi la mitad de la población viva en la pobreza. No importa que nuestra esperanza de vida al nacer sea seis años menor que el promedio de la OCDE. No importa que en las pruebas sobre calidad de la educación PISA estemos en los últimos lugares. No importa que México sea el país con mayor índice de obesidad después de Estados Unidos. No importa que tengamos el mayor índice de asaltos y el segundo mayor en asesinatos.

A pesar de todo esto, los mexicanos registramos un nivel de satisfacción general de 7.4, muy por encima de 6.6 que promedia la OCDE. Tres de cada cuatro mexicanos dicen estar “muy satisfechos con su calidad de vida”. Estamos hablando de que somos más felices que los estadunidenses, los alemanes y los franceses, entre muchos otros.

¿Qué puede tener de malo ser felices pese a la adversidad? ¿Qué no es mejor ser optimistas y disfrutar lo que tenemos que tener más y ser miserables? En parte sí. El problema es que esta actitud puede generar un terrible mal: el conformismo. Si estamos satisfechos como estamos, ¿cuál será nuestra motivación para exigir más? Y, peor aún, ¿cuáles serán los incentivos de los políticos de darnos más?

Esta es precisamente la razón por la que soy escéptico de quienes buscan sustituir medidas frías, pero objetivas como el PIB, por índices de felicidad para medir el desempeño de un país. Bajo este criterio, México sería una superpotencia, con pocos incentivos de mejorar en problemas específicos.

Es esta capacidad de los mexicanos de ser felices que, en mi opinión, explica gran parte de la ineficiencia de nuestra clase política de mejorar las condiciones de vida de la población. Si de todas maneras van a estar contentos, han de pensar muchos políticos, para qué me molesto en ayudarlos. Mejor me ayudo a mí mismo.

juliose28@hotmail.com