Malos modos

Para variar, buenas noticias: FilmInlatino

Recuerdo que, en una entrevista con Letras Libres, Susan Sontag dijo que no más lamentos: que la tecnología, a esas alturas del partido, propiciaba que el cine llegara de un modo u otro al espectador que lo espera. Tal vez tu obra no la vean millones de espectadores ni te vuelvas millonario con ella —regañó más que responder al entrevistador—, pero llegará a quien tiene que llegar. Con la Sontag uno siempre tenía la impresión de que un general prusiano lo iba a ridiculizar frente a toda la tropa, muchas veces de manera injusta o al menos excesiva, y sí, francamente es dudoso que los cineastas no tengan ya razones para lamentarse por el futuro de sus películas: la importancia de la sala de cine no admite discusiones, y los obstáculos para llegar ahí no son menores. Pero la entrevista se publicó a principios de 2004, cuando Netflix estaba en pañales y Youtube o Apple TV estaban muy lejos de alegrarnos la cotidianidad, y la buena mujer tuvo algunas cosas claras, como le era frecuente.

Me vino a la cabeza esa entrevista cuando me enteré de que inicia su camino Filminlatino. Asómense. Más importante aun: paguen. Vale la pena. Es una plataforma que permite ver, en efecto, un cine que no es fácil encontrar ni en salas, ni en la programación televisiva habitual, ni en la de cable o la satelital, ni en servicios como Netflix, que cumplen otras funciones, ni en las tiendas de DVDs que sobreviven. La cosa funciona así: o pagas una cuota mensual francamente baja (75 pesos), o pagas por varios meses, o pagas 19 pesos por película. De lo que dispones es de un catálogo bien armadito, razonado, hecho por gente que sabe de cine, que va de los clásicos gringos (qué buena es El tercer hombre de Carol Reed, ya que estamos) a la Nueva Ola francesa, al cine de culto, a Paolo Sorrentino y Michael Haneke. Y a México: hay un sustancioso catálogo de directores en activo desde hace tres o cuatro décadas, desde Ripstein, Hermosillo y Cazals hasta Fons. Por estas películas ni siquiera tienes que pagar, así que no hay disculpas.

De lo que hablo, a fin de cuentas, es de políticas o estrategias culturales bien pensadas, es decir, de políticas que entienden las posibilidades que ofrece la tecnología y las ponen a trabajar. Es muy poco probable que la administración de Peña Nieto llene sus arcas de dinero y decida usarlo para asuntos culturales: los recortes permanecerán. Así que más vale hacerse a la idea y usar la cabeza. Imcine lo hizo. Y al hacerlo nos trajo algo que no abunda últimamente, no en la esfera de lo público: buenas noticias.