Malos modos

La caja idiota se volvió inteligente

La holgazanería recompensa. Mi propensión a ella me pone frente a dos radiografías televisivas de la violencia gringa que recomiendo enfáticamente para quienes buscan justificación a la hora de tirarse frente a la pantalla con una chela en vez de ir a correr a Chapul. Una y otra tienen una propiedad adictiva, sin duda; sí, te enganchan y logran que el peso de la vida deje de sentirse por unas horas, ese regalo único que solía darnos la TV: el de la anestesia. Pero en ambos casos ese regalo tiene un precio. Y es que ambas series tienen lo que —me cuentan— tienen todos los vicios: que al final, con la resaca, la maldita realidad vuelve con peso renovado. Son series que te dejan con una cierta desazón, una cierta desesperanza, y a pesar de que son complejas, con personajes ambiguos, matizados, te dejan con la conciencia de que sí, somos un asco. Los humanos, quiero decir. A la realidad ya no te le escapas ni en la tele. Carajo.

La primera es Big Little Lies. ¿Qué sabemos? Que hubo un asesinato, aunque desconocemos quién murió. Que el detonante es un caso de violencia entre criaturas de preescolar que, sin remedio, se traslada a los adultos. Y que hay un elencazo: una Reese Witherspoon resentida y cáustica, una Nicole Kidman aparentemente hipersexualizada y claramente abusada, una Laura Dern que da miedo, y Shailene Woodley, y Zoe Kravitz (que, ella sí, le quita mucho dolor a la existencia). ¿Un thriller en siete episodios, una miniserie policiaca? Sí. Y bastante más: una mirada implacable a la violencia de género, un retrato de nuestra incompetencia para criar a los hijos, una perspectiva cruda de la incapacidad de las escuelas para controlar la violencia inter pares, más una comprensión del matrimonio que no muy optimista que digamos.

La otra es 13 Reasons Why, basada en una novela de esas para adolescentes que tanto éxito tienen hoy y que se teje a partir del testimonio post mortem de una chica de 17 años que decidió suicidarse y, en una narrativa compleja, geométrica, explica a los responsables por qué lo hizo. Van a querer educar a sus retoños en casa. Puede que libro y serie respondan a un contexto muy gringo. Sospecho que aplica al nuestro. Bullying, abandono de los hijos, machismo inveterado, más el peligro de las redes sociales y, de nuevo, la incapacidad de las escuelas son la esencia de una serie muy polémica por la explicitud de la violencia.

Que la tele embrutece, decían. Que la caja idiota nos aliena, nos aleja del mundo.

La caja idiota se volvió inteligente.