Malos modos

Más sangre y menos taichí

Antes de las últimas presidenciales, mientras AMLO contestaba las preguntas de un grupo de periodistas, una amiga tuiteó que hablaba tan lento que la chica que traducía a lenguaje de señas parecía estar haciendo taichí. Recordé esta brillantez mientras veía en Netflix Best of Enemies, un reciente documental de Robert Gordon y Morgan Neville.

En 1968, con las convenciones republicana y demócrata en puertas, ABC iba muy atrás en la carrera de los ratings. Había que hacer algo. Hicieron un debate. Durante varias jornadas, los espectadores pudieron ver en pleno a un conservador, William F. Buckley, que no era un conservador como el Peje, no. Aunque por ejemplo comparten, con 50 años de diferencia, la repugnancia a la igualdad de derechos al margen de las preferencias sexuales, Buckley era una figura mediática con gran facilidad para el debate, un editor aguerrido que fustigaba ingeniosamente a la progresía desde las páginas de National Review y un político visionario que dotó a la derecha gringa de desparpajo, humor cáustico y el paradójico impulso revolucionario que cuajaría con Reagan.

Enfrente estaba Gore Vidal, el novelista superventas capaz de cocinar la carne con el ácido de su saliva, autodefinido como pansexual y consciente de que Buckley era peligrosísimo por su capacidad para impulsar desde el encanto un programa político efectivamente atroz, que iba del ultraconservadurismo sexual a la idea de usar armas nucleares en Vietnam.

Fue un baño de sangre, casi literalmente. Los enemigos intercambiaron sarcasmos, invectivas y guiños malintencionados entre argumentos sólidos y objeciones fundadas. El ganador fue Vidal: desquiciado, Buckley acabó por llamarlo fagot y amenazarlo con un puñetazo. Aunque el ganador real fue ABC, que barrió con la audiencia y al hacerlo impuso un nuevo modo de hacer Tv. Se acabaron los tiempos del análisis apachurrado, lento. Los espectadores descubrieron el atractivo de la polémica a cara de perro, y no hubo regreso. Vean cualquier debate gringo.

Hay en Best of Enemies cierta pesadumbre por ese cambio de paradigma. No la comparto. Semejantes formas del debate sólo pueden conquistar multitudes en un país que, a despecho de nuestro antiyanquismo, tiene un número envidiablemente elevado de espectadores (votantes)sofisticados. Sobre todo, piensen en el Peje, o en cualquiera de sus pares en otros partidos, cuando avanza con la pachorra de un oso a su zona de confort: la mafia en el poder, el fraude y blablabla. Hueva.

Sobra taichí, falta sangre.