Malos modos

Ambulante

Ver un documental en los 90 era una proeza, sobre todo si querías verlo en una sala, con una pantalla y un sonido decoroso. No eran, en general, buenos tiempos para ver cine, al margen de los circuitos comerciales. Los cineclubes habían desaparecido, la Cineteca estaba lejos de la vitalidad de sus años viejos (o de los actuales) y que el género se colara a las grandes cadenas, como logra hacer hoy con cierta frecuencia, era impensable, así que estabas atenido a lo que ofrecían la UNAM y un par de instituciones más.

Tampoco eran buenos tiempos para hacer cine, desde luego. Fue por los mismos años que la producción nacional quedó reducida a un mínimo, con lo que los documentales se convirtieron no en una rara sino en una rarísima avis, sobre todo aquellos que evitaban reincidir en los clichés del México profundo, colorido y usoycostumbrista. Pero el nuevo siglo trajo buenas noticias: creció una industria con mil problemas y sin embargo vigorosa, se multiplicó la producción, y al multiplicarse terminó por impulsar incluso a géneros tan típicamente difíciles de poner en el mercado como el documental, que, a mi parecer, vive un momento luminoso en México.

Me refiero al documental que se hace, claro. Pero sobre todo me refiero al que se puede ver, mexicano o extranjero. Y procedo a los elogios. Con entusiasmo, con terquedad y sin mucho dinero, son varios los ciudadanos que se empeñaron y se empeñan en hacernos ver documentales. Me refiero a los que han echado a andar festivales ya muy briosos —Morelia, Riviera Maya, etc.— e incluso festivales muy briosos dedicados exclusivamente al documental, caso de DocsDF. Sobre todo, pienso en Ambulante, cuya edición 11 está ahora en pleno. Conocerán los principios rectores de esta empresa: llevar el documental a todas partes, en México y hasta en otros países, en plan "Si Mahoma no va a la montaña..." ¿Cómo? Básicamente, como haga falta. Con el apoyo de dineros públicos y de patrocinadores privados; en salas comerciales como las de Cinépolis, en las de instituciones públicas, en las independientes tipo cine Tonalá o hasta al aire libre; cobrando a veces poco y a veces nada, con la ayuda de muchos entusiastas en todas partes, y sobre todo con una disciplina extraordinaria para ver documentales de todo el mundo, de México para empezar, hacer una selección rigurosa y ponerlos ante nuestros ojos.

Este año tienen más de cien películas en programación, así que ni se me ocurre meterme a revisar la cartelera. Pero tómenme la palabra: hay piezas muy notables. Vayan. Lo agradecerán.