Malos modos

La mano de Dios cumple 30

Andrés Burgo sabe lo que lee. Un día decidió escribir un libro sobre el Argentina-Inglaterra del 86, ese partido en el que Maradona transitó en minutos de la sordidez moral en que tanto se atasca al talento único del que fue capaz, y decidió hacerlo con el ejemplo de... Un inglés. El inglés es Nick Hornby, autor de una perla llamada Fiebre en las gradas donde cuenta su vida de partido del Arsenal en partido del Arsenal. Notable periodista deportivo, Burgo entendió que la historia de su partido de infancia, uno de los encuentros con más tuétano y trasfondo de la historia, sólo podía escribirlo desde ahí, desde el entusiasmo infantil, y lo hizo así, con la dedicación de los niños. Fue un acierto.

Y es que Burgo también sabe lo que escribe. Llega a mis manos El partido (del siglo) (Tusquets), y me cae como un yunque la revelación de que se fueron 30 años desde que deambulaba por los estadios chilangos en busca de boletos para el Mundial 86. 30 años buenos para tomar perspectiva del que, en efecto, tal vez sea el partido de futbol con más implicaciones de todo tipo.

Implicaciones, primero, de orden político y casi militar. Argentina, gobernada por Raúl Alfonsín, salía apenas de la dictadura, que el 82 había coronado sus años de ignominia, esos años monstruosos, enviando al matadero de las Malvinas a chicos sin preparación ni equipo obligados a enfrentar nada menos que al ejército británico. Por eso, para el equipo argentino, enfrentar a Inglaterra tenía un significado que ni el más ingenuo de los puristas podría circunscribir a lo deportivo.

Lo deportivo, que desde luego también pesaba...

La selección había hecho una eliminatoria patética. El entrenador, Carlos Bilardo, tenía una espada sobre la cabeza, y el único candidato a estrella, Maradona, venía de un pésimo Mundial 82. Le faltaba un gran partido para dar el salto, y ese partido fue, claro, el que le ganó a Inglaterra con una mano indigna, la "de Dios", y el que tal vez sea el mejor gol de la historia. México es el punto y aparte en la carrera de Maradona, erigido ahí en santón, en ese "Dios" defectuosísimo que es todavía.

Semejante partido merecía una investigación a fondo, un retrato al minuto en el que hablaran los protagonistas, los espectadores, los medios; una investigación que mirara con inteligencia al contexto histórico, pero sin regatear al lector la emoción de un enfrentamiento magnífico que, al margen de la trampa de Maradona, se jugó con nobleza.

Eso es el libro de Burgo, el talentoso periodista cuarentón que trabaja como niño.