Malos modos

Dos miradas a Corea del Norte

La utopía socialista se construyó sobre paradojas. La más evidente es que, en el siglo XX, el teórico establecimiento de una sociedad igualitaria, sin clases —el triunfo definitivo del proletariado—, fue la mejor vía para establecer despotismos largos y personalísimos: los 32 años de Stalin, la larga noche de Mao, el casi medio siglo de Fidel en Cuba. O Corea del Norte, ese misterio insondable que hoy, otra vez, nos asusta a todos, por la imagen de ese gordito demencial, Kim Jong-un, jugando con ojivas nucleares.

Y es que otra paradoja radica en que el internacionalismo socialista, el espíritu de hermandad universal, exige países blindados al exterior, fronteras selladas, un arte que el régimen impuesto por Kim Il-sung el 48 ha llevado al virtuosismo. Pocos han visitado Corea del Norte y pocos norcoreanos salen de su país. Pero esos pocos traen testimonios escalofriantes. Hay en circulación dos documentales que lo demuestran, ambos ya en Netflix.

El que ha hecho más ruido es Los amantes y el déspota, incomodísimo. En 1978, Choi Eun-hee, estrella en de Corea del Sur, fue secuestrada en Hong Kong. Kim Jong-il, hijo de Kim Il -sung, futuro supremo líder y padre del gordito, fue siempre un aficionado al cine, y quería levantar una especie de Hollywood comunista en el Oriente. Por eso, al secuestro de Choi al parecer siguió el de su ex marido, el director Shin Sang-ok, con el que trabajó a las órdenes del dictador hasta el 86, cuando lograron escapar. La incomodidad radica en el papel de Shin. Los directores Robert Cannan y Ross Adam abren la interrogante: ¿fue realmente el suyo un secuestro, o un falso secuestro que le permitió reactivar una carrera en declive? Como sea, el retrato de Corea del Norte, particularmente a través de los ojos de Choi —Shin murió en 2006—, es invaluable.

Poco menos sonado pero incluso más propositivo es Under the Sun. El director ruso Vitaly Mansky intenta responderse por qué sus padres se afiliaron con tanta fe al utopismo leninista. Y decide investigarlo en uno de sus últimos reductos. Así, logra permiso para seguir a una familia norcoreana durante un año. Lo hace, claro, bajo rigurosa supervisión, con un control estricto sobre cada encuadre, cada pregunta. Con ese material, tremenda mala leche y un virtuosismo extraordinario para la edición, logra un retrato devastador del totalitarismo coreano. Del misterio insondable.

Dicen que entender un fenómeno ayuda a perderle el miedo. Los amantes y el déspota y Under the Sun desmienten esa certeza. Corea del Norte, luego de verlos, asusta incluso más.

Sí: a veces, saber duele.