Malos modos

El milagro nerd de Umberto Eco

En Filosofía de la UNAM había dos tipos de maestros. Unos, la mayoría, se limitaban a recitar la clase con —en el mejor de los casos— toda la claridad posible, con alguna concesión más o menos al humor según su disposición natural y con más o menos voluntad de renovarse, dependiendo de su propensión al apoltronamiento académico, o sea, de si tenían o no una de esas plazas vitalicias que ofrece la educación pública. Eran los ortodoxos. Otros digamos que caminaban por la heterodoxia: ponían a Lou Reed, te recomendaban un cómic o una película y hasta se iban a fumar un toquecito con los alumnos mientras coqueteaban con la güera del salón. Estos eran los que habían leído a Umberto Eco, y veían en él, comprensible pero inútilmente, un modelo a seguir.

Y es que lo de Eco a mí siempre me ha parecido un poco milagroso, o sea, por definición, irreplicable. Leo tras su muerte que El nombre de la rosa ha vendido unos 50 millones de ejemplares. Primer y más importante milagro. El libro se estructura como una novela policiaca de enigma, o sea una de las clásicas, tipo Sherlock, sí. Pero en ese terreno es eficaz y punto, e incluso peca de excesos. ¿Cuál es su aportación? El espíritu nerd. Lo diferenciado en el libro, que efectivamente resulta un gozo, es la cantidad de guiños literarios, las aproximaciones a la semántica, la erudición medievalista. No me cuesta imaginar el hormigueo excitado de mis compañeros de estudio o de los vecinos de Letras, pero ¿de veras hay 50 millones de personas así en el mundo? Porque OK, lo nerd es nuevo sexy, pero insisto: ¿50 millones?

Menciono El nombre... porque es lo más accesible. De sus demás novelas, la otra realmente taquillera, El péndulo de Foucault, ya levantó unas cuantas cejas: se pasó un poco de nerd. Pero es que lo taquillero, aunque ciertamente no en esa proporción, lo mantuvo a veces hasta en los terrenos del tratado o el ensayo. Otro milagro. Apocalípticos e integrados es una aportación central a los estudios culturales de diferentes naturalezas, pero en general los libros de esa clase quedan circunscritos al entorno académico. Ese maldito piamontés se las arreglaba para encontrar lectores en todas partes.

Y es que el milagro de Eco es el más raro: el del encanto, el de la chispa. Que se cultiva, sí, pero que de entrada se tiene o no. A él le sobraba; a mi facultad en cambio diosito ni volteó a verla.

Recomendación al vapor: busquen sus colaboraciones breves con la prensa. Son de un humor francamente adictivo. Y nerd, sobra decirlo.