Malos modos

Las memorias de Springsteen y los votantes de Trump

Leo las memorias de Bruce Springsteen, Born to Run (Random House). Mediado el libro, casi 600 páginas, diré que el Jefe acaba de publicar algo que si no es una obra maestra, se acerca mucho a serlo. Lo es por ese —faltaba más— ritmo de la prosa que tanto habrá sufrido el traductor español para que no desapareciera del todo y lo es por la autoironía indesmayable, equidistante del narcisismo vacío de Morrisey y el gamberrismo de Johny Ramone, mucho más cerca de Vida, la joya memorialística de Keith Richards. Pero lo es igualmente por la aguda, meticulosa inteligencia con que el autor descifra su herencia católica de irlandés-italiano —solito, ese apartado merece convertirse en libro de texto—, por la dolorosa complejidad con que entiende sus relaciones familiares, y sobre todo por la lucidez con que capta su entorno.

Springsteen nació en la Nueva Jersey del 49 de una secretaria y un conductor de autobuses, lo que significa: tal vez una rayita por debajo de la clase media, no en la miseria pero con fuertes precariedades, y en un entorno obrero que ya en los primeros 60 acusaba señales de decadencia. Born to Run es un retrato magistral de ese mundo con un fuerte sentido de comunidad, solidario y trabajador, pero asimismo violento, racista con una perturbadora naturalidad, claramente propenso a las frustraciones, que, sin desbarrancar en la pobreza, capaz incluso de rozar con los dedos la vida de los prósperos, no termina nunca de salir del estrés diario de la lucha por la subsistencia, en la ley implacable del día a día.

No sé cómo votarían en las próximas elecciones los vecinos del niño Springsteen, a su vez un progresista con claras antipatías hacia el Partido Republicano, al que alguna vez exigió que no volviera a usar su “Born in the USA” para la campaña. Sin embargo, cuando leo a los analistas que nos recuerdan que de entre los viejos sectores de la clase obrera blanca es de donde levantan la mano los votantes de Trump, no puedo dejar de pensar en la buena gente de Freehold, NJ. Y es que Springsteen, autor de un libro que por si fuera poco aporta un repaso lúcido a gran industria de la música, y unas cuantas ideas brillantes sobre el rock y el soul y el blues, y algunas miradas de cerca a unos cuantos famosos, sin pretenderlo puede ayudarnos también, con ese retrato agridulce de su mundo, ese retrato amoroso y cáustico aunque libre de odio, a entender cómo uno de los más notables mamarrachos de la historia puede convertirse en el hombre más poderoso del mundo.