Malos modos

Somos como jugamos

Zidane, Thuram, Desailly, Lizarazu, Djorkaeff. Orígenes argelinos, ghaneses, vascos, armenios. La alineación del equipo francés que logró el Mundial del 98, donde jugaban como locales, luego de un tres cero contra el Brasil de Ronaldo, parecía diseñada para amargarle la vida a los partidarios de la Francia monocromática, racista, ultraconservadora, nostálgica de una grandeur que sólo podía concebir como aparejada a la uniformidad étnica —o sea a lo imposible, que además es lo indeseable—. A la de Jean-Marie Le Pen, el supremo líder, padre de Marine, la que acaba de perder las elecciones. Al Frente Nacional, pues. Y sí, les amargó la vida. Imagínense cómo les sentó ese festejo con un millón y medio de personas en el Arco del Triunfo, esa euforia pacífica, esa fiesta compartida entre las mil etnias que componen a Francia. O no se lo imaginen. Véanlo.

Porque la historia ameritaba un documental, y existe. Me ponen en la pista dos colaboradores de MILENIO, Héctor Aguilar Camín y Rafael Pérez Gay. Se llama Les bleus, une autre histoire de France, y es lo que promete: la historia de la selección francesa entre 1996 y 2006, pero sobre todo una historia del país a través de su selección nacional. Y es que entre el 96 y el año pasado da la impresión de que todo se descompuso. Los bleus se desplomaron: luego del Mundial y el campeonato europeo de 2000, nada relevante salvo dos finales perdidas, la del cabezazo de Zidane a Materazzi y la de su Eurocopa con el Portugal de Cristiano. Paralelamente, el sueño de la armonía entre distintos, del respeto al otro, pareció resquebrajarse. Los años subsecuentes al triunfo del 98 son los de los amotinamientos en el banlieue, los de la llegada de Le Pen padre a la segunda ronda de presidenciales —todo un logro pese a que fue barrido por Chirac igual que su hija con Macron—, y finalmente los de los atentados contra Charlie Hebdo o el Bataclan. Atentados que tuvieron como protagonistas, igual que los motines del extrarradio, a jóvenes franceses, o sea nacidos y
criados en Francia pero hijos y a veces nietos de inmigrantes. Significativamente, son también los años en que un partido amistoso entre Francia y Argelia, en tierras francesas, empieza con un abucheo a la Marsellesa y termina con una invasión de doscientas y pico personas a la cancha.

Un documental lúcido y esclarecedor, pues, sobre los vasos comunicantes entre el futbol y el resto de la vida. Un recordatorio de que puede que seamos lo que comemos, pero sin duda somos como jugamos.