Malos modos

La novela de Javier Sicilia

Me cuesta de veras escribir sobre El deshabitado, la novela testimonial que publicó hace algunas semanas Javier Sicilia. Porque justamente fue la forma de una novela la que eligió para contar el viaje terrible que empezó con el asesinato de su hijo Juan Francisco y otros seis jóvenes a manos del crimen organizado, en Temixco, en 2011, y siguió con el Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad y la duradera caravana que emprendió por México y Estados Unidos. Cuesta, va la aclaración por delante, porque Sicilia no miente. Dice en la nota inicial, con César Vallejo, que hay “experiencias tan brutales, ‘golpes como del odio de Dios’, que obligan a escribir sobre ellos”. Y esa es justo la certeza que transmite la novela desde la primera página: que este libro tenía que escribirse por razones atípicas, entre ellas tal vez la supervivencia; que no jugaron en el proceso los motivos habituales en los autores: la pulsión creativa, la vocación, por supuesto no la satisfacción del ego. El autor se observa en 500 páginas largas en una desnudez terrible, implacable, conmovedora. Valiente, Sicilia. Valiente y lúcido, en este viaje exploratorio al dolor. Y una bronca para quien pretenda escribir sobre él, claro. A ver: lidia con la fuerza de esas verdades.

Por lo demás, hablamos de una novela de extraordinaria complejidad formal y sobre todo de una novela que será un testimonio de primera importancia cuando queramos entender la locura sangrienta de este país en la última década, con su sembradío de víctimas fragilísimas y su nómina infinita de autoridades viles. Entre la esperanza y el escepticismo más reconcentrado, Sicilia revisa los orígenes del movimiento, recuerda a sus compañeros de ruta, retrata a unos cuantos representantes del estamento político, capta instantáneas de este país de contrastes exacerbados —hay también mucha belleza y mucha virtud retratadas en este libro—, y de paso relee con dudas profundas el corpus de ideas que lo definió como poeta y sobre todo como protagonista de lo político y lo social. Que es el corpus de una rara avis en el contexto mexicano y seguramente en cualquier otro: el de un católico no conservador, un convencido de las virtudes de lo colectivo y sobre todo de lo comunitario, lindante con el anarquismo no rabioso, y sobre todo el de un pacifista.

Un libro extraordinario que, para rematar con una obviedad, quisieras, con cada página que terminas, que no se hubiera escrito.