Malos modos

El cine en vez de la vida

Quería comentar hoy la nueva novela de Harper Lee, pero me pasó lo que a tantos lectores bien intencionados: que se me atravesó una película (y un buen pretexto, porque, sinceramente, no me dio tiempo de acabar el libro). La estrenan este viernes con un título que parece de acción serie B, Wolfpack: lobos de Manhattan, la dirige Crystal Moselle, a la que no conocía de nada, y es, sin duda, uno de los documentales más raros y conmovedores que he visto en los últimos años. Su nombre en inglés, sin estridencias: The Wolfpack.

No creo caer en pecado de spoiler si les cuento que la madre y sobre todo el padre de los seis hermanos Angulo —violento, alcohólico silencioso, conspiracionista, mesiánico— decidieron que Manhattan era un mal sitio para ser educado, y que sus retoños debían ser criados en casa. Así fue: crecieron en los 80, 90 metros de un departamento de interés social, la madre por maestra, sin pisar una banqueta más de ocho, nueve veces al año, a veces menos, siempre vigilados. ¿Qué hicieron durante todos esos años de claustro y endogamia? Ver películas. Tanto como por su madre o más, los Angulo fueron educados por Hollywood: se soplaron miles de pelis, transcribieron los guiones, improvisaron vestuario y utilería, interpretaron o más bien replicaron las escenas famosas; se las tatuaron en el alma, pues. Raro, ¿no? Pero más raro es que, dentro de su desajuste social, de su ingenuidad, de esas miradas que no siempre comunican serenidad, resultaron gente de bien. Son jóvenes amorosos, hablan con estructura y lenguaje amplio, tienen humor, se apoyan unos a otros. Sobre todo, se liberaron.

Si me preguntaran de qué va, en esencia, The Wolfpack, les contestaría que tal vez, primero, es eso: una película sobre la libertad. Secuestrados, aislados de la sociedad, esos chicos encontraron su camino al mundo. Tiene un mérito enorme reunir el valor para un día,  sin más, abrir la puerta y enfrentar esa locura que sólo conocías a través de un vidrio, desde lo alto de un edificio: el populoso vacío de las megaurbes. No me voy a poner optimista —qué asco—, pero hay momentos de Wolfpack en los que casi sientes fe en la humanidad; es deslumbrante nuestra capacidad para rebelarnos, sí…

Pero no hay que perder de vista que estamos, también de forma esencial, frente a una película sobre el cine. No cualquier cine. Me refiero al mejor, al prodigioso cine de masas, a la maravilla que ha sido y es Hollywood, que a los Angulo les dio, nada menos, una vida, o algo muy parecido, como nos la dio a mí y a ti, estoy seguro, fino lector, en algún momento difícil.

Así que cierra ese libro y corre a ver The Wolfpack.