Malos modos

Tontos con cámaras

Se puede ser simplón y mala persona. El que no me crea, que se asome a alguna de las películas de Michael Moore, que en su día compitió por el premio al progre más tonto con Sean Penn y Oliver Stone. Penn es un notable actor al que no deberíamos pedirle nada más, como a Maradona en el terreno del futbol. Pero, por su capacidad para llenar salas, Stone y sobre todo Moore tuvieron mucho que ver con que se vivificara el cine de no ficción. Son casos más complejos.

Hablo de cine de no ficción para englobar fenómenos tan lejanos como el documental, que hoy goza de muy buena salud, y la propaganda, que es a lo que se dedican Stone y Moore: el acomodamiento marrullero de hechos convenientemente editados y mentiras u omisiones abiertas para defender preceptos ideológicos. En el caso de Stone, con sus entrevistas a sujetos como Fidel o Chávez, el ejercicio propagandístico es de un cinismo francamente vulgar, torpe. Moore fue levemente más astuto. Ciertamente no en Sicko, donde trata de hacernos creer que los servicios cubanos de salud funcionan estupendamente; un poco más en Bowling for Columbine o en Farenheit 9/11.

Pienso en Stone y Moore luego de recetarme un par de encerronas con la segunda temporada de Vice, la serie de HBO. El programa tiene como protagonistas a un puñado de corresponsales que, con una vocación cosmopolita ajena a Moore, viajan lo mismo a Groenlandia por lo del cambio climático que a Yemen por lo del terrorismo islamista. Deja una sensación contradictoria. A ratos, me dan ganas de darle la razón a la crítica de Huffington Post cuando hace escarnio de la superficialidad hipsterizada de una serie que incluye dos minidocumentales por episodio de media hora, nada menos. Lo que pasa por alto su artículo, sin embargo, es que la serie resulta adictiva —segunda diferencia con Moore— por su capacidad de síntesis. Esos tipos saben contar historias: en sus momentos luminosos, logran, sí, captar una realidad compleja en pocos minutos.

Pero, sobre todo, la serie es interesante por el cambio que ilustra en el cine y la tv desde los días de Bowling for Columbine. Los hispters, capitaneados por Shane Smith, no incurren ni en el chiste plomo ni en la vileza de Moore, un tipo capaz de burlarse de Charlton Heston cuando ya padecía demencia senil, ni, sobre todo, en el alineamiento ideológico. Son libres.

¿Significa esto el fin de los tontos con cámara? De ninguna manera. Pero van a enfrentar una competencia feroz. No es poco. A propósito, tienen también una división mexicana, editorial y de video. Tiene lo suyo. Vayan a www.vice.com/es_m