Malos modos

Recuento de daños

Depresión postparto, estrés postraumático, resaca, síndrome de abstinencia, síndrome de Estocolmo. Cada una de estas expresiones representa en alguna medida lo que significa el fin de cada Feria del Libro de Guadalajara para los que estamos inscritos en el multichambismo. Este año me tocó hacer dos puñados de programas para Foro TV, presentar dos libros ajenos y uno propio y editar con Carlos Puig (su amistad es el mejor regalo que me ha hecho una FIL) y la magnífica Galia García, entre otros jóvenes de talento, el suplemento FILIAS.

Se trabaja mucho en la FIL, sí, pero también se fiestea, se come en exceso y se extiende entre el gremio una sensación de fraternidad, o sea, se deja venir un aluvión de afectos desaforados que no siempre son falsos o se diluyen en el transcurso del año. También, circulan ideas: conoces autores nuevos, te regalan libros, te llevas una dedicatoria dibujada por un talento como Jis o Trino, y en una de esas tienes la suerte de que en la cena o el coctel te toque conversar con uno de los escritores de primera división, un rock star, uno de esos que ya son una marca trasnacional.

Aunque no este año. Por algún motivo, de rockstars estuvimos cortísimos: sólo Magris merece semejante etiqueta. Da la impresión de que esta año la FIL perdió capacidad de convocatoria, una tendencia que ojalá se revierta porque la presencia de los barones de las letras, al margen del oropel y el funcionario que se arrima a la foto, sí ayuda a vender libros, darle ocho columnas a la cultura, llevar gente  a las salas, rediscutir en los medios algunos libros de alto octanaje.

Si anduvimos cortos de rockstars, anduvimos largos de oficialismo. Argentina, con un stand deprimente y una delegación rasurada, porque ni modo de andarle pagando el boleto a los críticos del kirschnerismo, trató de dejar en casa, por mencionar uno, a Martín Caparrós. Se jodieron. Lo invitaron Conaculta y MILENIO, y escribió todos los días en FILIAS. Más buenas noticias en Guadalajara, no tan cacareadas: que haya venido un monero como Liniers, que Anagrama cumpliera 45 años, la nueva novela de Enrique Serna, Uncle Bill de Bef, los abundantes aplausos a Vicente Leñero, reconfirmar que se lee mucho a José Emilio Pacheco y el involucramiento de la gente, toda, con los desaparecidos de Ayotzinapa. Lástima que perdure el descerebramiento guevarista: el criminal de Estado como emblema de la lucha contra los crímenes de Estado.

Termino, claro, con nota negativa. Hubo una buena cantidad de problemas, por ejemplo esa página de la FIL que nunca funcionó. Pero si se trata de hacer un recuento de daños, los más graves fueron los autoinfligidos. Necesito descanso, detox, ejercicio, introspección. Hasta la próxima.