Malos modos

Meternos lo que nos dé la gana

De los estudios sobre la ley seca gringa a la despenalización de las drogas, la bibliografía sobre nuestro derecho a meternos lo que nos dé la gana, sea alcohol, drogas ilegales o carne de puerco, es extendida. Normal que así sea. La prohibición apela siempre a nuestro propio bien, a lo que nos conviene, y es por lo tanto un síntoma de mala salud democrática: más que decir, grita que los señores que legislan o gobiernan nos ven como seres frágiles, disfuncionales, ignorantes, a los que tienen que llevar de la mano por los caminos del bienestar. En resumen, la prohibición es una negativa a tratarnos como ciudadanos (eso le pasó a los pobladores de Las Cañadas cuando irrumpió en el escenario el EZLN y se prohibió el alcohol, porque los indios, pobres, no saben beber), de ahí que sea un asunto muy propio de filósofos, por ejemplo de Fernando Savater y sobre todo de Antonio Escohotado, con las mil 500 páginas de su Historia general de las drogas.

Pero la filosofía política pura y dura interviene en esta discusión incluso más de raíz. Cuando las autoridades deciden apostarle a una ley seca para que no haya contratiempos en las elecciones, lo que hacen, de hecho, es fallar en las responsabilidades básicas del Estado. Piensen en la idiotez —amplia y justamente ridiculizada— de impedirle al ciudadano pacífico y respetuoso que se compre una caguamita el domingo mientras los chicos de la CNTE o los normalistas incendian lo que les place sin mayores consecuencias; no hace falta mucha elaboración teórica. Pero es que hasta un pésimo alumno de Filosofía como yo recuerda a Hobbes y Rousseau, dos individuos que alguna vez dijeron que la primerísima razón de ser del Estado, esa por la que puede coartar tus libertades naturales en alguna medida, es garantizar tu seguridad. Así, como no hay modo de hacerlo, jódete y paga el precio: nosotros hacemos como que encontramos soluciones, mientras tú haces como que obedeces y no te chupas las reservas de charanda de tu casa, desesperado porque no hiciste compras de pánico el jueves por la noche.

Dicho esto, ¿hay que sentirse particularmente pesimista? Tal vez no. Algún camino se tiene avanzado, como demuestran las tentativas de despenalización de la mariguana, llegadas de la izquierda chilanga, sí, pero también de algunos sectores del PAN y el PRI. Lo que pasa es que en este país todo lo malo parece volver: la violencia, la corrupción, las pulsiones antidemocráticas en nombre del pueblo. Y la prohibición. La idea de que mi cuerpo no es tan mío.

Pero sí lo es, todavía... Violé la veda con escocés pura malta. Les juro que no incendié ninguna boleta.