Malos modos

Martín Luis Guzmán a contracorriente

Cada vez que me preguntan por el ensayito biográfico que dediqué a Martín Luis Guzmán, contesto lo mismo: que Tanya Huntington es la que sabe del asunto. No es una cortesía, como podrán comprobar quienes se acerquen a Martín Luis Guzmán, entre el águila y la serpiente. Huntington lleva años en la tarea de ver con lupa cada movimiento de la vida de ese autor, y hay que agradecérselo no ya por las satisfacciones que podemos sacar de ahí los clavados con el tema, muchas, sino por lo que la vida de un escritor olvidado, o casi, nos dice sobre este país.

Porque Guzmán se nos olvidó. Tenemos presente La sombra del caudillo, pero no que formó parte del Ateneo; que peleó junto a Madero; que se sublevó contra Huerta y al hacerlo conoció a toda la élite revolucionaria; que fue enemigo de Obregón y Plutarco, lo que le valió el exilio en España, donde participó intensamente en la política, siempre con la República. También, que publicó una biografía de Villa que a la vez son sus memorias, ejercicio singularísimo; que polemizó inteligentemente con la Academia española; que fundó las librerías de Cristal y la Comisión de Libros de Texto; que publicó a Rafael F. Muñoz y Nellie Campobello...

¿Por qué lo olvidamos? Sin duda, parte de la responsabilidad es suya. En esencia, terminó quemado por su cercanía excesiva con el priismo en general, y sobre todo con la figura impresentable de Díaz Ordaz. Aun así, esta explicación no basta, como nos recuerda el libro que me ocupa. Hombre de contrastes, Guzmán fue también un heterodoxo: lo fue en la política, terreno en el que cosechó abundantes enemigos, y lo fue en lo cultural, donde topó con la figura de Vasconcelos y pagó el precio. Valiente y lúcido lo que dice Tanya a este respecto. Inexplicablemente, recordamos a Vasconcelos como un rebelde, cuando en realidad pactó con cuantos poderes pudo, antes de convertirse en ese lunático de extrema derecha ya marginado de todo, y ejerció un poder claramente arbitrario y único por sus alcances.

No termino sin aplaudirle a Huntington el análisis del libro que motiva el suyo: El águila y la serpiente, una obra maestra con no menos vuelos que La sombra... que, sin embargo, no encuentra ya casi lectores. Es un libro inclasificable. Ni novela, ni volumen de relatos, ni autobiografía convencional, es un poco todo eso, pero sobre todo es un libro cáustico, sublevado, hecho para retratar a los poderosos en la cara. Un libro a contracorriente, pues, como tantas veces lo fue su autor. Y como lo es este libro que nos trae Tusquets, tan necesario.