Malos modos

Alexiévich, o la guerra de verdad

Me gustan las series de guerra. Todas: las que se regodean en una violencia maniquea, estetizada e inverosímil, o sea las de acción pura y dura, y también las que intentan una antropología profunda del conflicto; esas obras hechas de tonos de gris en las que, según el lugar común, brota lo mejor y lo peor de las personas; esas que desde la trinchera arrojan, pues, una imagen compleja de la humanidad, captada en toda su vileza pero también en su capacidad para el amor, la amistad y el sacrificio honesto.

No obstante, sospecho que si a algo se parece realmente la guerra no es a Band of Brothers o The Pacific, dos series notables producidas por Tom Hanks y Spielberg ambientadas en la Segunda Guerra Mundial, ni a Generation Kill, sobre la última guerra de Irak, producida a su vez por David Simon y Ed Burns, dos señores que antes maquinaron The Wire. Vamos, ni siquiera creo que se parezca a la guerra-guerra la serie rusa sobre Vida y destino, la gran novela de Vasili Grossman acerca de la batalla de Stalingrado. No. A lo que se parece la guerra, creo, es a Los muchachos de zinc, el último libro en español de la Nobel Svetlana Alexiévich.

Ya comenté aquí a la Alexiévich (1948). Dije que esa periodista bielorrusa, esa mujer que habla sin su voz, con el recurso de dar voz a los testigos o actores de la historia —que por supuesto acaban por constituir su voz, una voz única y eficacísima—, es la última gran cronista del desastre sin paliativos que fue la URSS. Ahora voltea hacia una de las guerras más atroces del siglo XX, la emprendida por ejército soviético en Afganistán, como en otros libros voltea hacia Chernóbil o la Segunda Guerra. Y sí, los testimonios reunidos, provenientes de los veteranos del frente, sus familiares o las enfermeras, componen lo que podríamos llamar un mosaico de tonos de gris... Siempre y cuando entendamos que los grises van aquí de la injusticia a la crueldad, de la corrupción institucionalizada a la negligencia criminal, de la mezquindad a la degradación moral sin matices. Socialismo real, le llaman.

Hay muy pocas luces en este libro, recuento coral de una guerra desarrollada en el peor escenario, contra los peores enemigos, por las peores razones: la institucionalización del sueño leninista. Tiene que ser. Libro a libro, la Alexiévich retrata mucho de lo más amargo del siglo XX, y pocas cosas más amargas que aquella guerra. Llegó un libro extraordinario a las librerías, queridos lectores. Aunque no es propiamente para relajarse en la playa, ahora que es verano.