Malos modos

Infiltrados

Veo a los descerebrados con capucha que atacan con sadismo a los policías desarmados durante la manifestación de la semana pasada, lo discuto con algunos amigos que son sin duda brillantes y sensatos, a pesar de que ya es tarde y le hemos dado con fe al whisky, y escucho cómo dejan caer, todos, la misma certeza: “Son infiltrados, provocadores. Quieren criminalizar los movimientos sociales”. No lo dudo. Es probable que a algún otro descerebrado, un matón refundido en alguna oficina penumbrosa, se le haya ocurrido reciclar de nuevo una práctica que, al parecer, lleva décadas entre nosotros: la del rompehuelguismo. Y me viene a la cabeza lo que ya es un lugar común: El hombre que fue jueves, gran novela. Supongo que la conocen. G. K. Chesterton la publicó en 1908 y al publicarla, bueno, simplemente llevó la ironía a otro nivel. Léanla, en inglés o en la versión de Alfonso Reyes. Habla –alerta de spoiler– de un sujeto que es contratado para infiltrar una organización terrorista y que termina por descubrir que la organización completa está formada por infiltrados.

Claro que nada más pensar en Chesterton me viene a la cabeza otro autor cristiano, aunque no católico, propenso a novelar el nihilismo violento: Dostoievski. Es un retrato muy distinto: el de quien sabe que los demonios existen y que no todos son inquisidores encubiertos. Lean esa novela que se llama, justamente, Los demonios, sobre un mundo que Dostoievski conocía bien, como el militante encarcelado que fue, y dense un baño de abismo. Lo que anticipa el ruso es un siglo y pico, el XX y lo que llevamos de XXI, de terrorismo de extrema izquierda, apaleamiento de disidentes, amenazas contra periodistas, regímenes totalitarios y guerrillas despiadadas. Un mundo derivado del milenarismo marxista-leninista, el de los que creen en la guerra santa de la clase proletaria y en la utopía del fin de la historia.

¿De veras es México ajeno a ese tipo de personajes? ¿No es un mero acto de fe, o de negación, atribuir cada pedrada, cada ataque con soplete, cada camión robado y cada Molotov a un complot derechista? En esta esquina, la sociedad civil buena, civilizada y democrática; en esta otra, el mal gobierno con sus policías y sus infiltrados. ¿Creen que esta fórmula agota la realidad? ¿Todo, de los crímenes del EPR a los secuestros de las guerrillas setenteras, de las loas al Che o Stalin a las alambradas en la UNAM, se explica por la intervención de fuerzas ocultas, de intrigas en Gobernación? Me parece dudoso. En todo caso, recordemos que la realidad de las calles encendidas, a diferencia de Chesterton, es ajena a la ironía. La ironía no usa sopletes.