Malos modos

Historia de la nota roja, o sea de México

Estoy en Morelia, el más vital, el más visible y también el más democrático de los festivales del país: ver una película significa levantarse tempranito, porque, como debe ser, la prensa y los invitados competimos con el resto de la ciudadanía por cada boleto y las salas se atiborran. Así que logro disciplinarme y entrar a un puñado de buenas sesiones de cine, de las que destacó dos documentales que trazan, juntos, una historia de la nota roja mexicana de las últimas décadas.

El primero es El hombre que vio demasiado, título irreprochable para una película sobre Enrique Metinides. Imagino que lo conocen. Empezó a trabajar como fotógrafo en los últimos 40 e inundó tabloides como La Prensa con imágenes en verdad perturbadoras no sólo por su contenido atroz —cuerpos seccionados, quemaduras indescriptibles, sangre—, sino, sobre todo, por las composiciones visuales clásicas, agudas, virtuosas en que enmarca ese contenido. Metinides se retiró hace años del periodismo y hoy goza del estatus de artista al que nunca aspiró. Lo hizo a tiempo. Uno se pregunta al ver la película de la británica Trizia Ziff, que casi nada más abrir ofrece la imagen antigua de un policía que sostiene una cabeza sin cuerpo de los pelos, qué tanto ha cambiado el mundo del crimen violento que retrató Metinides. La respuesta, que comparte el propio fotógrafo, es inmediata: muchísimo. México fue siempre un país de violencias extremas, pero es verdad que la nota roja clásica lidiaba con criminales poco organizados o bandas pequeñas, asesinatos pasionales, atracos mal resueltos e idioteces suicidas de borrachos. Hoy, sobra decirlo, estamos inmersos en una carnicería generalizada que parece apoderarse del país entero, incluidas las vidas de los reporteros que intentan reflejarla en los medios.

De eso va El Paso, de Everardo González, pieza de una narrativa más sobria la de Ziff, pero sobre todo más compacta, más lúcida, más impactante, más clara en sus metas: más eficaz. Los protagonistas son dos reporteros mexicanos obligados a exiliarse en Texas. ¿Obligados por qué? Por la amenaza del narco, que ha hecho del trabajo de nota roja un oficio de alto riesgo, sin duda. Pero también por las autoridades, de cuya nula capacidad para proteger a la prensa, cuando no de su complicidad con los criminales, no hace falta hablar a estas alturas. Triste, entrañable, notable trabajo de González.

¿Qué pasó entre Metinides y los dos jóvenes exiliados de El Paso? Explicarlo permitirá explicar, en esencia, lo que pasó en este país. En alguna medida, la historia de la nota roja es la de México.