Malos modos

Nellie Campobello

Me llega La danza de mi muerte (Planeta), una novela de no ficción escrita por Sandra Frid, y la leo con desasosiego y con gusto. El desasosiego se debe a que logra comunicar el horror, la indignidad de los últimos años de vida de una más que notable coreógrafa y escritora, Nellie Campobello. La última vez que se la vio en público fue en 1985. En el 98, Derechos Humanos del DF dejó saber que había muerto en el 86 y que estaba enterrada en Hidalgo. ¿Cómo llegó ahí, en el más absoluto secreto, una mujer nacida en Durango, crecida en Chihuahua y convertida en un personaje central de la cultura mexicana en la capital? Por el presunto secuestro y despojo a que la sometieron una alumna, María Cristina Belmont, y su marido, Claudio Fuentes, que la mantuvieron sedada, alcoholizada y metida en un cuarto durante sus últimos días.

El gusto viene de recordar el portento de personaje que fue esa mujer. De rabiosa independencia en días de machismo hardcore, la Campobello nació con el siglo XX; creció como testigo de la Revolución, en Parral; fundó la Escuela de Danza de Bellas Artes y el Ballet de la Ciudad de México; escribió poesía; se negó a casarse, lista ella, pero tuvo una lista notable de amores, y mantuvo fuertes vínculos intelectuales y amistosos lo mismo con García Lorca que con Martín Luis Guzmán —su favorito—, Carlos Mérida, Doctor Atl u Orozco, origen de su envidiable colección de arte. Sobre todo, escribió muy buena prosa, particularmente Cartucho, una novela que es una colección de relatos, que es un libro testimonial sobre las batallas villistas en Chihuahua.

Publicado el 31, fue reeditado el 40 por Ediapsa, una editorial fundada entre otros por Guzmán y el futuro presidente López Mateos, para casi desaparecer de las librerías durante las siguientes décadas, hasta que la reeditó ERA hace relativamente poco. Y vaya libro. La Campobello adulta decide meterse de nuevo en la piel de la niña que vivió la Bola. El resultado: un relato fragmentario altamente perturbador, retorcido, de mirada agudísima, también dulce, sobre una carnicería que no hemos terminado de procesar.

Frid, creo, retrata con la Campobello una manera de ser fuerte, decidida, muy de aquel México. Y narra también la derrota de esa forma de mexicanidad a manos de otra, la que encarna el cuarto protagonista de este libro: Enrique Fuentes León, abogado de la pareja de secuestradores y personaje relacionado con el asesinato de Ruiz Massieu, a cuya sombra quedó en silencio una mujer que, antes, no paró nunca de hablar.

Sandra Frid acaba de devolverle la voz.