Malos modos

Amos Oz, el incómodo

Me llegan Una historia de amor y oscuridad, Quizás en otro lugar y La bicicleta se Sumji. Se debe a que Siruela republica uno por uno, organizados, todos los libros de Amos Oz, para dar forma a eso que los editores llaman una biblioteca de autor. Lo celebro, pero me viene de inmediato a la cabeza una pregunta de esas que formulamos los lectores con afición por los deportes, gente propensa a la indignación y la competitividad mesurable; una pregunta tal vez frívola y sin duda inútil, en el entendido de que la literatura no se mide en premios, entre otras cosas porque los premios están frecuentemente amañados, cuando no lo están suelen responder al cálculo político y ya tendríamos que haber aprendido que eso no tiene remedio. La pregunta es ¿por qué no le han dado el Nobel?

Y es que pocos lo merecen tanto. Una historia de amor y oscuridad, su autobiografía de 2002, es una obra maestra desde muchos puntos de vista. Lo es por la sorna entrañable con que relata la vida familiar y por el escepticismo profundo con que aborda las posibilidades del amor, constantes en todos sus libros, pero también porque narra los no muy conocidos primeros días del Estado de Israel y los años que los precedieron, cuando en esas tierras convivían musulmanes, judíos y cristianos no en santa paz, vaya que no, pero sí en un equilibrio tenso y volátil mucho más complejo de lo que gustan de aceptar la corrección política y el conservadurismo de todo signo.

Se me ocurre que ahí, en su carácter de cronista y pensador de la realidad actual y pasada de Israel, es decir, en su carácter de escritor preocupado por la política, de intelectual, es donde se esconden los motivos de la estudiada indiferencia de la academia sueca. Oz es un escritor político pero no un escritor militante a la manera de Galeano o Saramago; no un predicador que ofrece indignaciones y respuestas, sino un hombre que piensa la política y la violencia, que las problematiza, que encara sus complejidades, sus paradojas. Lean Una historia... O lean Quizás en otro lugar, ambientada en el mundo del kibutz. O lean Contra el fanatismo. Van a conocer a un autor que está a años luz del maniqueísmo. Un autor que satiriza a Sharon, aboga por la paz y trata de acercarse al otro para entenderlo, sí, pero que también reivindica sus participación en la Guerra de los Seis Días y la de Yom Kipur, que peleó porque cree en el derecho a existir de su país.

Un autor incómodo, pues, y habrán notado ya que la Academia, que da premios por casi cualquier cosa, no suele darlos a la incomodidad.