Malos modos

Aguilar Camín vuelve a casa

Comenté en este espacio hará cosa de un año Adiós a los padres, del historiador, narrador y periodista Héctor Aguilar Camín, y celebré que se alejara del género o subgénero donde mejores resultados había obtenido, el del thriller que tan bien teje en Morir en el Golfo y La guerra de Galio, sus novelas de los años 80 y 90, para bordar con gracia una historia o memoria familiar, es decir, una especie de vuelta a casa, particularmente a Chetumal, que ya había emprendido en otros libros pero que alcanza ahí su mejor expresión. Celebro ahora que desande el camino y vuelva al thriller, eso que las personas de cierta edad solíamos llamar el "policiaco". O sea, celebro esa otra forma de volver a casa.

El regreso se llama Toda la vida, una novela breve, compacta, de 120 paginitas o poco más, que —intentaré evitar los spoilers— empieza como una vívida historia de amores locos, evoluciona en una pieza de género negro, incluye como sin querer pero sin duda queriendo un retrato desolador de las viejas (y al parecer muy vigentes) castas policiacas mexicas y acaba por seducir al lector por su melancolía cínica frente a la posibilidad del amor y con su homenaje al DF de los 70 y 80, particularmente al DF nocturno, esa Ciudad de México sin TLC, sin quinoa, mezcal y bicicletas, desde luego sin gobiernos de izquierda, que ofrecía y ofrece en la novela de Aguilar Camín un encanto decadente y una cierta sensación de amenaza, es decir, un espíritu como el que tiene que tener toda ciudad de novela negra.

Hay mucha carne en esta novela, mucha sustancia. Sorprende de entrada la vividez de la sexualidad que la conduce, una sexualidad que impregna el libro de sensaciones convincentes, intensas. Luego están las conocidas virtudes de HAC como narrador: esa prosa rápida que tan bien se presta al aforismo, el humor sin autoindulgencias, y de fondo la lectura aguda de la historia mexicana, la reflexión sobre nuestros vicios recurrentes nada didáctica, entreverada con delicadeza en una arquitectura compacta y sólida, requisito indispensable para escribir thrillers. ¿Vuelve Aguilar Camín no ya al thriller sino al thriller político, en la línea de La guerra de Galio y Morir en el Golfo? No me atrevo a contestar que sí, pero vasos comunicantes entre Toda la vida y aquellas dos obras hay y no pocos.

Aunque tal vez no sea necesario darle tantas vueltas al asunto. Aguilar Camín vuelve a casa y, a todas luces, se divierte una barbaridad al hacerlo. Como sabemos, la diversión es contagiosa.